Franco de la Jara, E. (1989). Elección residencial y percepción espacial en Santiago de Chile. Revista INVI, 4(8). Como citar este artículo
ELECCION RESIDENCIAL Y PERCEPCION ESPACIAL EN SANTIAGO DE CHILE

ARTÍCULO

Elección residencial y percepción espacial en Santiago de Chile

Eliana Franco de la Jara - Geógrafo U. de Chile

 

I. ANTECEDENTES TEÓRICOS Y PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA

Los análisis tradicionales del comportamiento locacional situados en el marco de la estructura residencial urbana, suponen que los habitantes poseen un conocimiento de todo el conjunto urbano, que tienden a clasificar los "barrios" en relación a su calidad residencial, y que la elección del barrio donde de sea habitar es funcional a su percepción del nivel socioeconómico relativo y comúnmente aceptado o estatus (Bailly, 1979).

Estudios más recientes cuestionan esta homogeneidad en la percepción, poniendo en duda la primacía de los factores de "competencia económica". J. Adams (1969) establece que el habitante tiene una imagen sectorial de la ciudad, conformada en función de sus movimientos constantes y es en tales espacios donde se concentran sus preferencias residenciales. De este modo surgen, como variables explicativas de la dinámica urbana, factores denominados "valores sociales", tales como arraigo, sentido de pertenencia, ámbito de las relaciones sociales, en suma un sentimiento de "efectividad espacial" que orientan también sus preferencias locacionales (Carter, 1980). Y se pone el acento en averiguar ciertas tipologías de espacios sociales percibidos y conocer el contenido de los mismos, acentuándose el interés por reconocer las "particularidades" en las relaciones hombre-ambiente y el grado de subjetividad que anima el comportamiento espacial (Buttimer,1975).

Esta línea parte de trabajos que se remontan a comienzos de siglo con Jules Son (1908) y continúa con Walter Firey (1947), René Rochefort (1961), Max Sorre (1961), Chombart de Lauwe (1966). Estos trabajos plantean la necesidad de incorporar los componentes subjetivos en el estudio geográfico (Buttimer, 1975). En este sentido, el "sujeto" en la interacción espacial es considerado "objeto" de análisis, a diferencia de la postura clásica que privilegia el análisis del espacio objetivo.

Interesa, en este caso, reconocer las formas de percepción del espacio urbano de tres grupos residenciales localizados en distintas partes de la ciudad y con características socioeconómicas diversas. Para ello se utilizará la tipología de espacio social que distingue Chombart de Lauwe:

a)Espacio conocido: constituido esencialmente por el espacio que abarca el movimiento diario entre lugar de residencia, trabajo y consumo. Corresponde al espacio de actividad indiviudual, reconocido por Horton y Reynolds y también al mapa mental descubierto por Adams. Es el ámbito de la cotidianeidad.

b)Espacio conceptual: corresponde al espacio sobre el cual el habitante sabe que hay ciertas oportunidades alternativas que existen y hay una valoración objetiva de las potencialidades que contiene. Esta percepción, naturalmente más amplia que la anterior, es trasmitida por las experiencias directas e indirectas e internalizade por los medios de comunicación, la propaganda y otras formas de opinión pública.

c)Espacio de preferencias: referido al espacio donde al habitante le gustaría vivir si tuviera la oportunidad de hacerlo. Es en esta dimensión donde entrarían a jugar otros elementos, más allá de los condicionamientos de la estructura ecológica, que pueden orientar las decisiones locacionales. Se estima que en el contenido del espacio preferido existe un alto grado de subjetividad.

Considerando la segregación socio espacial de la población de Santiago, es posible reconocer diferentes formas de espacios sociales percibidos. Si existe coincidencia entre espacio conocido o cotidiano y el espacio preferido, estaremos frente a una situación de mayor grado de bienestar. Es lógico suponer que en la medida que aumentan los ingresos, la posibilidad que se de dicha correlación es mayor, siempre y cuando exista pleno consenso en los atributos del espacio preferido. Pero esta situación merece ser revisada a la luz de nuestro contexto so ciocultural. Para los sectores de menores ingresos, cuya posibilidad real de movilidad residencial, ya sea por las transformaciones en el ciclo familiar o por cambios en el nivel económico, son mínimas, el arraigo e identidad espacial es mucho más fuerte. Es conocido que en dichos sectores las relaciones-vecinales, de amistad, de parentesco y solidaridad son muy fuertes.

Existe en la realidad una ciudad animada por el anonimato e individualismo, tal cual lo planteara L.Wirth, en "El urbanismo como forma de vida" y otra, centrada en los valores de la vida colectiva. En esta perspectiva, es útil, como primer paso, reconocer cómo distintos estratos socioespaciales perciben la ciudad en su conjunto y la intensidad de dicho conocimiento según diversas áreas para distinguir tipologías de espacio social. Se trata, en el fondo, de integrar y reconocer como válidas otras características ambientales, más bien de orden subjetivo, que relacionan al individuo con el medio y que tercian en las decisiones locacionales.

Todos los análisis teóricos de la movilidad residencial señalan que la decisión depende de una serie de factores. Así, para Goodal (1977), las decisiones tienen que ver con la vivienda, el vecindario y las relaciones que intervienen entre el emplazamiento y el resto de la ciudad. Hovorson (1970), nos habla de calidad de la vivienda y medio ambiente que rodea la misma. Herbert (1972) ha elaborado un modelo en el cual considera que la decisión de cambio de residencia y opción espacial está determinada por factores internos que atañen al grupo familiar y factores externos que tienen que ver con la calidad de la vivienda y el medio am biente que la rodea. Si hay acuerdo en el papel que juega el medio en la elección residencial y, por otro lado, constatamos que los atributos ambientales pueden ser valorados en forma diferente por los usuarios, dada la subjetividad implícita en la forma que cada individuo se relaciona con su medio, es posible postular que cada individuo percibe la realidad de modo diferente. Sin embargo, cierto grado de consenso se puede distinguir en individuos que comparten una proximidad geográfica y, al mismo tiempo poseen características sociales homogéneas. En este caso es pertinente preguntarse ¿qué atributos ambientales valora la población como niveles de bienestar satisfactorio en la elección residencial? ¿qué diferencia existe en la intensidad de los valores entre distintos estratos socioespaciales? ¿En qué medida el espacio conocido condiciona la migración residencial? Rapoport (1981) establece que la elección residencial es expresiva de ciertos valores y costumbres que identifican al habitante con su entorno. Se trata de un concepto comparable al de "género de vida", acuñado por la geografía tradicional - francesa y aplicada, esencialmente, al análisis rural. En el ámbito urbano, este autor establece que el estilo de vida urbano estaría relacionado con cuatro elementos: consumo, prestigio, vida familiar y va lores de la vida comunitaria. Los tres primeros elementos han sido tradicionalmente utilizados en la explicación de la organización del espacio residencial y se consideran altamente dependientes del nivel social relativo. No obstante, los valores de la vida comunitaria y el grado de afectividad y arraigo espacial no han sido sistemáticamente investigados en relación a la movilidad residencial.

La incorporación de variables cualitativas y la evaluación subjetiva implica reconocer la heterogeneidad del espacio urbano. Ello se relaciona con la revitalización de la escala o dimensión local en la planificación y el cuestionamiento de modelos generales explicativos y normativos de la estructura urbana. La recuperación de lo "cotidiano" representa una nueva orientación en el desarrollo cuya dimensión esencial es adecuar la planificación a la calidad de vida deseada (Galilea, 1988). Ello plantea la apertura de nuevas líneas de investigación y el trabajo coordinado entre diversos especialistas, unidos en la tarea de rescatar la dimensión humana de la vida urbana.

 

II. HIPÓTESIS

1) Dada la heterogeneidad socioespacial de la estructura urbana, la localización residencial y la pertenencia a un estrato social condicionan los patrones perceptivos del conjunto de la ciudad.

2) Los atributos ambientales que controlan las aspiraciones residenciales son evaluados eh forma diferente según los estratos sociales.

 

III. OBJETIVOS

1) Destacar la importancia de las variables subjetivas en el control de la movilidad residencial.

2) Conocer diversas formas de per capción del espacio social de estratos socioespaciales diversos.

3) Evaluar la importancia del espacio conocido en las preferencias residenciales.

4) Evaluar el grado de diferencia, según estratos sociales, en la valoración de variables ambientales que controlan la movilidad residencial.

 

IV. METODOLOGÍA

Se seleccionaron tres sectores homogéneos desde el punto de vista socioeconómico. Uno, situado al sur poniente, correspondiente a una población construida a fines de la década del 60, a través de programas de vivienda social.

Este conjunto residencial está ubicado en la comuna de La Cisterna, calificada según variables sociodemográficas como de nivel medio bajo. La segunda área de estudio corresponde a una Población de campamento, en vías de radicación a través de la implementación de infraestructura básica, ubicada en la comuna de San Bernardo, al sur de la ciudad. Por último, se eligió un sector típico de clase media en ascenso, que habita un conjunto residencial construido en la década del 60, situado al oriente y que corresponde a la comuna de Nuñoa

Suponiendo cierto grado de homogeneidad para las áreas investigadas y considerando que la hipótesis y los objetivos plantean descubrir características esecíficas, no se buscaron condiciones de representatividad metropolitana de la muestra. Se aplicaron al azar 40 encuestas a jefes de familia, en cada sector; por lo tanto, las conclusiones son sólo válidas para las áreas en cuestión.

Los patrones especiales resultado del mapa mental del habitante urbano fueron evaluados con la metodología denominada del "autoanclaje", que consistió en la construcción de una escala que va de "0" (no conocido) a "4" (muy conocido); con ello se determinó el ámbito del ESPACIO CONOCIDO.

En encuestado tuvo que asignar un valor a cada comuna representada en un plano.

El ESPACIO CONCEPTUAL se determinó solicitando al encuestado que hiciera una lista, ordenada de mayor a menos, de las comunas y su calidad residencial, según su punto de vista. Si las comunas tuvieran un mismo nivel, deberían ser anotadas en el mismo número. Para no cansar al entrevistado, sólo se pidió que eligiera 7 comunas. De haber concordancia entre la evaluación subjetiva y la jerarquía existente según variables objetivas, se consideró que existiría el mismo consenso para la evaluación de las comunas de menor nivel.

El ESPACIO PREFERIDO se aveluó en forma similar a través de la pregunta: suponiendo que Ud. tiene una completa libertad para seleccionar el barrio donde le gustaría vivir ¿podría ordenar las comunas, de mayor a menor, según su grado de aspiración? (Si las comunas tienen el mismo rango, anótelas en el mismo número), para las dos últimas categorías espaciales, las jerarquías fueron transformadas en valores y se trabajó con los valores totales.

La evaluación de las variables ambientales que controlan la deseabilidad residencial, fueron sometidas a la prueba estadística del chi-cuadrado, a fin de determinar las diferencias estadísticas significativas entre los tres estratos considerados.

 

V. ANÁLISIS DE LOS RESULTADOS

1) ESPACIO CONCEPTUAL: se constata que a pesar de la diferenciación geográfica y socioeconómica de los tres estratos, la imagen percibida corresponde a la estratificación socioespacial del Gran Santiago obtenido con indicadores objetivos de la calidad del hábitat y de las características sociales de la población. Los trabajos de Bahr y Riesco (1981) y de Brahms L. (1988) coinciden ampliamente en el orden jerárquico de las comunas de mayor nivel jerárquico con las asignadas a través del análisis perceptivo. Diferencias en el orden no alteran la conclusión general de que las elites urbanas se localizan sectorialmente hacia el oriente de Santiago (Cuadro N°1). Sin embargo, se observan algunas diferencias: disminuye el grado de consenso en atribuir a la comuna de Santiago jerarquía residencial, surgen Macul y La Florida cuya expansión residencial de sectores medios es un fenómeno relativamente reciente.

La correspondencia entre la estructura objetiva y estructura percibida permite aceptar como verdadera la primera hipótesis que plantea Hoyt, quien establece que todos los individuos clasifican los barrios en el mismo orden con arreglo a su calidad residencial y, por lo tanto, manejan conceptualmente el conjunto de las estructuras urbanas reconociendo las características y recursos potenciales de las diferentes áreas.

 


Fig.1 Estrato Muy Bajo

 

 

Sin embargo si consideramos el espacio preferido, éstos se enmarcan, preferentemente, dentro de las comunas de mayor grado de conocimiento y hacia las comunas consolidadas del interior del espacio urbano, y no como lo supone Hoyt, entre las comunas de mayor status. Este último rasgo sólo aparece más nítido para la población de Ñuñoa que, a pesar de la alta preferencia por la comuna de origen, las que siguen en jerarquía corresponden a las áreas de mayor status y localizadas predominantemente hacia la periferia. En este sentido se podría suponer que sólo para los estratos sociales que han alcanzado cierto nivel de vida, la elección del barrio es una función de la percepción del status socioeconómico.

El reconocimiento del espacio cotidiano como factor más condicionante que el factor nivel social en la movilidad residencial, (cuadro N°2) nos estaría sugiriendo que:

a) Los factores explicativos de la dinámica urbana que hay tras los modelos ecológicos de ciudades desarrolladas no interpretan a cabalidad el comportamiento que teóricamente tendría el habitante urbano. La dicotomía socioeconómica implica diferencias en el comportamiento locacional urbano.

b) La preferencia por la comuna de origen nos indica que el habitante urbano desarrolla una suerte de afectividad espacial, de mayor grado de arraigo. Los valores afectivos y simbólicos en cierta medida determinan su comportamiento.

 


Fig. 2 Estrato Bajo

 

c) Si el habitante urbano prefiere permanecere en el área que ya conoce y le es familiar, la planificación urbana debería replantearse el crecimiento horizontal de la ciudad y buscar fórmulas que adecuen ciertas tipologías de viviendas, en la perspectiva de una ocupación más intensiva del espacio urbano

d) La extensión horizontal de la ciudad y los problemas que ello conlleva, corresponde a decisiones economicistas y homogenizadoras, que no tienen correspondencia con los verdaderos intereses y deseos de amplios sectores de la comunidad urbana.

 

 

2) ESPACIO CONOCIDO: Constituído esencialmente por el ámbito del movimiento frecuente, corresponde a los que Horton y Reynolds (1971) llaman de acción individual o espacio "cotidiano", según Henri Lefevbre.

El patrón resultante, tal cual lo ha planteado J. Adams, tiene forma de "cuña", interceptando la ciudad desde el centro hacia la periferia.

La estructura perceptiva, resultado del esquema mental de los diferentes estratos (mapas 1, 2 y 3), es expresiva de la estructura funcional de la ciudad, con un centro que todavía articula al conjunto de la ciudad, de tal suerte que la ciudad resulta parcialmente conocida según la ubicación gteográfica y la pertenencia a un estrato económico determinado. Desde un punto de vista morfológico se puede decir que el centro de la ciudad y supuestamente los ejes de transporte y la éras vecinas al lugar de residencia, condicionan el patrón perceptivo de los diferentes grupos sociales.

 

 

Fig.3: Estrato Medio Alto

Es indudable que el desarrollo de las estructuras comerciales inter vienen fuertemente en los patrones perceptivos. Por su gran movilidad y adaptación al mercado, han adopta do formas funcionales para los dis tintos sectores del área urbana. En efecto, el surgimiento de grandes conglomerados comerciales de eleva da jerarquía, junto al desplaza miento de servicios financieros ha cia el oriente y la existencia de áreas de recreación hacia los fal deos andinos, ha tenido como conse cuencia que la población de estra tos altos, satisfaga todas las nece sidades de intercambio en esta espe cie de "cuña" que corta la ciudad desde el centro hacia la periferia. Por el contrario, el comercio de me nor jerarquía y de carácter más in formal se localiza en las comunas más consolidadas del centro ( Estación Central, San Miguel), al cual accede la población de otros estra tos sociales.

Las diferentes formas de percepción del espacio social reflejan que existen diferencias y similitudes entre los estratos socioeconómicos. Para los tres grupos considerados , el espacio conocido conforma imáge nes de tipo sectorial, estructurados a partir del centro, lo que equivale a decir que cada estrato social que comparte una proximidad geográfica conoce directamente sólo una parte de la ciudad. Por diversas razones, que apuntan más bien a aspectos tales como afecto, signifi cado y valoración, este mismo espacio concentra los más altos valores en las proferencias locativas. La intervención de otras formas de co nocimiento indirecto permite ampliar este marco perceptivo, obteniéndose un relativo consenso en las características y atributos del conjunto del espacio urbano.

 

3) ELEMENTOS MEDIOAMBIENTALES QUE CONFORMAN EL ESPACIO PREFERIDO: Se evaluaron tres variables externas o medioambientales que pueden controlar la elección espacial: acceso, prestigio y espacio de interacción. La prueba del X2 (chi-cuadrado) a cada uno de los indicadores dió como resultado que existen diferencias significativas entre los tres estratos, con excepción de un último indicador que evaluaba el valor asignado a la participación en actividades comunitarias.

La cercanía y el acceso fábil al co mercio de barrio aparecen mayormente valorados por los estratos más bajos, así como también la cercanía al cen tro de la ciudad es una cualidad po sitiva. Para el estrato medio alto estos elementos tienen menor signifi cación. Se podría decir que el co mercio de barrio genera externalidades negativas para los estratos al tos, contrarios al aislamiento y pri vacidad residencial (Franco, 1987).

Esta constatación, en general, afirma lo observado respecto a la estructura del espacio preferido anteriormente descrita.

En relación al valor asignado a la vivienda o al prestigio del barrio, los sectores bajos y muy bajos valo ran más la vivienda que el status del barrio. Para los primeros, la vivienda significa la solución de problemas vitales de sobrexistencia Otros elementos serán valorados ella medida que la vivienda responda a sus reales necesidades. Pareciera que el factor "prestigio" empieza a funcionar como tal cuando la población ha alcanzado un nivel satisfactorio respecto de la vivienda. Esto también ha sido observado en un análisis de bienestar social en Santiago (Franco, 1986).

Respecto a la importancia del barrio como espacio de interacción social, valorado a través de la importancia concedida a las relaciones vecinales de parentesco y de amistad, el resultado fue una alta valoración en los estratos bajos, pero, sin embargo,la participación en organizaciones que tuvieron como objetivo discutir los problemas del vecindario alcanzan valores bajos y no se observan diferencias estadísticamente significativas entre los estratos.

El escaso valor asignado ala variable participación es indicativa del limitado éxito de uno de los objetivos importantes del proceso de descentralización administrativa, basamentado en una participación real de la población. El nivel comunal se constituía en la base que integra las aspiraciones de la comunidad local a través de una serie de organismos de la comunidad. La experiencia de 15 años está demostrando que el habitante urbano no siente como necesidad prioritaria la integración participativa en este nivel, ya sea porque, de alguna manera, percibe que dichos organismos pueden ser manipulados con fines políticos o, por que las formas tradicionales de expresión democrática, basados en la delegación de poderes, aún prevalecen como únicas formas de participación democrática.

Es indiscutible que éstas variables medioambientales representan líneas gruesas y su resultado confirma ciertos postulados teóricos generales de la estructura residencial. No obstante sería interesante evaluar con mayor detalle otros elementos urbanísticos referidos a la vivienda y barrio para llegar a precisar ciertos estándares residenciales reconociendo nuestra estructura dual desde el punto de vista socioeconómico y, lo que es más importante, adecuar los modelos urbanísticos a las necesidades y valores de una comunidad heterogénea.

 

VI. CONCLUSIONES

1) La evaluación subjetiva del espacio conocido demuestra que, tal cual se plantea en la hipótesis, la localización residencial de estratos homogéneos determina los patrones perceptivos del conjunto urbano, que en este caso, adopta la forma de "cuña", tal como lo planteara J. Adams. La pertenencia a un estrato social, uno unido a una localización determinada y una específica morfología urbana condicionan dichos patrones perceptivos.

2) No obstante la concordancia entre la percepción de los atributos potenciales y la estructura objetiva de la ciudad, la deseabilidad residencial aparece más bien centrada en el ámbito del espacio cotidiano. Ello permite aceptar como válidos los postulados de la geografía humanista que pone el acento en adecuar el espacio conforme al "estilo de vida" de la comunidad; que las decisiones están marcadas por el "principio de racionalidad parcial". Es aquí donde es necesario preguntarse acerca de la validez de planteamientos urbanísticos homogéneos que responden a procesos semejantes y a comportamientos espaciales racionales. Dado que en el medio urbano al individuo se le ofrece una mayor gama de opciones, su percepción será menos homogénea. Es por ello que la imagen personal resulta básica a la hora de elaborar modelos urbanísticos. La diferencia encontrada en la evaluación de variables medioambientales entre los estratos apoya esta idea.

3) El análisis de variables subjetivas plantea la necesidad de perfeccionar los instrumentos metodológicos que validen en forma más exacta los resultados. Estamos conscientes que futuros trabajos en esta línea deben incorporar otras técnicas estadísticas que sirvan, por ejemplo, para medir grados de consenso.

4) Consideramos que esta perspectiva abre un interesante campo a la investigación interdisciplinaria. El conocimiento de los deseos y aspiraciones del habitante deben constituir una fuente de diagnóstico para adecuar nuestros conceptos a la realidad, sobre todo si deseamos que la población aumente su grado de identificación, arraigo y participación en las organizaciones de base, tal cual lo plantea la nueva legislación municipal y, por último, eleve su grado de bienestar.

 

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