Sepúlveda Mellado, O. (1994). Editorial. Revista INVI, 8(20), 1-2. Como citar este artículo
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Revista invi N°20, Enero 1994, Año 8: 1 a 2

EDITORIAL

Pocas veces el ciudadano común tiene oportunidad de vivir una sucesión de cambios cívicos de trascendencia como los que nos ocurren en el presente, sin inquietarle sus desenlaces y consecuencias. Al revés estamos experimentando un cúmulo de novedades y noticias positivas sobre el progreso y desarrollo del país que se nos hace difícil creer, después de haber pasado tantas décadas con grandes y graves problemas sociales, políticos, económicos, etc.. Fuimos educados bajo el convencimiento de que Chile siempre había sido, lo era y lo seguiría siendo, un país pobre. Sin embargo, ahora nos ocurre lo increíble: paz social con crecimiento económico y tranquilidad política en democracia.
Recuerdo las breves palabras que el Presidente Don Patricio Aylwin pronunciara al comienzo de su gobierno intentando sintetizar en una frase sencilla lo que quería lograr para el país: ¡hacer de él una patria buena!. Creo interpretar muchos sentimientos que reconocen el favorable ambiente nacional que hemos llegado y que ojalá podamos sustentarlo en forma sostenida por mucho tiempo, aunque ello implicará aumentar los esfuerzos realizados. La situación actual es el mejor argumento para acallar todo tipo de afirmaciones que a menudo solían decirse para alimentar complejos sobre nuestra identidad y caer incesantemente en posturas deterministas, depresivas y de un fatalismo injustificado.
Chile demuestra que puede lograr una evolución política en forma pacífica, que puede enfrentar con éxito el subdesarrollo y esbozar caminos de prosperidad. Somos un país tranquilo, de madurez cívica y que hemos sabido superar nuestra crisis nacional.
Los países no son ricos ni pobres por su territorio, por su ubicación relativa en el mundo o sus ventajas comparativas. Los países son ricos o pobres según lo que su gente quiera ser y sea capaz de hacerlo.
La situación actual tiende a convencerme que si Chile siempre ha sido pobre, puede superarse y salir de ello, porque el mayor y mejor recurso es su gente. Así se está demostrando al menos en la hora presente.
Hemos realizado una elección presidencial sin sobresaltos ni sorpresas; y en este intervalo, hasta el cambio de mando, surge la oportunidad para reflexionar y sopesar nuestra situación. La gestión habitacional de este Gobierno indudablemente que ha sido exitosa. No solo por sus realizaciones masivas, sino también por el aporte creativo, enriqueciendo las líneas de acción tradicional e incorporando otras nuevas, como lo son el de la vivienda progresiva, el Leasing, etc. Además, ha estimulado la preocupación por aspectos poco tratados en la historia habitacional social del país, conformada por una faceta más subjetiva y difícil de manejar, constituida por aspectos cualitativos. Y por sobre todo, este Gobierno, a través de su Ministerio del ramo, ha demostrado una gran abertura en su gestión institucional y una sensibilidad social admirable.
Vayan nuestros reconocimientos más sinceros para el señor Ministro de la Vivienda y Urbanismo, su equipo colaborador que lo acompañó y funcionarios públicos, que supieron interpretar y poner en práctica las orientaciones que derivan de las expectativas de la población.
No obstante las realizaciones logradas, debemos tener presente que, aún permanece en el país un cuadro de carencias cuantitativas gigantesco, el que deberá abordarse conjuntamente con nuevos compromisos, adquiridos por expectativas nacionales propias de la modernización que demanda el país en la hora actual. Así, por ejemplo, la gestión habitacional debiera continuar con una voluntad más categórica por llevar adelante la descentralización; también se debiera incluir efectivamente la ejecución del equipamiento comunitario y la infraestructura urbana, que son indispensables para la conformación del hábitat residencial; se debiera incorporar la paiicipación del habitante efectivamente al proceso habitacional, especialmente en las instancias de información y decisión; debiera entenderse que la construcción de cualquier obra habitacional hace ciudad, sin embargo, ello no puede ocurrir como una consecuencia secundaria e imprevista, sino planificada coherentemente con la vivienda y su entorno, y así, contribuir al
mejoramiento de la calidad del hábitat urbano.
Todos sabemos que la acción habitacional es muy vasta y compleja; y no sacamos nada con desconocerlo; es más, el callar traiciona nuestra principal misión universitaria, cual es contribuir al perfeccionamiento de la acción en vivienda. Pronto, en algunos meses más, asumirá el nuevo gobierno, ante lo cual formulamos votos para que su gestión habitacional atienda el déficit cuantitativo con una visión más amplia del contexto de carencias, como las aquí reseñamos, y así logre ser tanto o más satisfactoria que la realizada en estos últimos años, como lo demandan los tiempos actuales, especialmente con los aportes necesarios para continuar su proceso de perfección.

ORLANDO SEPÚLVEDA
Director (r) Boletín INVI