Sepúlveda Mellado, O. (1993). Editorial. Revista INVI, 8(18), 3-4. Como citar este artículo
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Revista invi N°18/Julio 1993/Año 8:3-4

EDITORIAL

Invierno es la estación más determinante para recordar a la población de Santiago, la gravedad de la contaminación atmosférica: y este año se presenta acentuada con las abundantes lluvias, fríos extremos y la presencia de la gripe, que a la población infantil ha perjudicado con severidad.
Todos reclaman contra los responsables que emiten gases dañinos al aire y casi nunca se piensa lo que puede ocurrir al interior de las casas, cuyas programaciones y diseño no podemos eludir.
El frío impulsa a los habitantes a hermetizar los recintos interiores y a encender estufas, que generalmente requieren combustible de gas licuado o parafina y que no expulsan los gases al exterior. La cocinas a su vez funcionan en condiciones muy similares a los calefactores descritos y rara vez los usuarios acostumbran a eliminar los gases mediante campanas de extracción.
Todos estos combustibles queman el oxígeno que los habitantes necesitan para respirar, pero además emiten anhídrido carbónico que es el principal gestor del efecto invernadero en la atmósfera. La combustión en ambientes enrrarecidos por falta de oxígeno emite monóxido de carbono, altamente tóxico y venenoso para la salud. Pero también ocurre que el gas licuado y parafina emiten agua al quemarse en un volumen una vez y media más abundante que el del combustible original; es decir que un litro de parafina desprende 1,5 Lts. de agua al quemarse, en forma de vapor.
Los ambientes al interior de las casas en las condiciones descritas están a menudo, mucho más contaminados que el aire de la ciudad y no sorprende, en consecuencia, la alta tasa de afecciones respiratorias en la población infantil. Sin embargo los daños no terminan simplemente aquí. La humedad interior de las viviendas aumenta la inconfortable sensación térmica en los extremos, ya sean fríos o calurosos, pero además, favorecen la proliferación de hongos que manchan las murallas, pudren las maderas y al secarse en verano, desprenden esporas, que son las culpables de enfermedades broncopulmonares que afloran mucho después del invierno, cuando los calefactores ya están apagados y los habitantes creen respirar un aire puro y sano,
Aparte de lo anterior, debemos recordar que poco antes del invierno, la propaganda comercial, se anticipa, incitando a la población para que compre sus calefactores a parafina o gas licuado, destacando todas sus virtudes y cualidades, pero callando sus defectos, no obstante saber el daño que producen si no se les sabe usar.
¡Nadie instruye, advierte ni informa a la población, especialmente a los sectores de menos recursos, donde con más frecuencia se utiliza este tipo de artefactos!
Pronto, sin embargo, pasaremos al falso consuelo en que los días temperados permitirán abrir ventanas y puertas para airear las casas, y la desagradable contaminación interior se olvidará hasta el invierno próximo.

ORLANDO SEPULVEDA
Director (r) Boletín INVI