Sepúlveda Ocampo, R., De la Puente, P., Torres, E., & Muñoz, P. (1994). Incidencia de factores sociofísicos sobre el desarrollo progresivo en conjuntos de lotes con servicio. Revista INVI, 9(21), 17-53. Como citar este artículo
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INCIDENCIA DE FACTORES SOCIOFÍSICOS SOBRE EL DESARROLLO PROGRESIVO EN CONJUNTOS DE LOTES CON SERVICIO

Rubén Sepúlveda Ocampo

Patricio de La Puente Lafoy

Emilio Torres Rojas

Patricia Munoz Salazar


Arquitecto, Director Instituto de la Vivienda, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, U. de Chile.

Sociólogos, Departamento de Sociología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile.

Se exponen los resultados provenientes de un survey social, realizado mediante una encuesta estructural aplicada a 8 conjuntos residenciales en 4 regiones representativas de una sectorización habitacional de Chile y del número de soluciones implementadas por el Programa de Mejoramiento de Barrios en el Período 1982-1992, con la finalidad de conocer las relaciones que presentan variables sociales y fisico-espaciales con el proceso de desarrollo progresivo. Para ello se elaboró un marco teórico que integra conceptos de la sociología y de la arquitectura en una perspectiva transdisciplinaria.

The results coming from a social survey are shown here. Such survey was carried out through a structured questionnarie applied 8 residential group, in 4 regions representative of a housing sector in Chile and of the number of solutions by the Neighbourhood Improving Program (Programa de Mejoramiento de Barrios) in 1he 1982-1992 period. The aim was to get to know the relationship between the social and physico-spatial variables and the progressive development process. So as to achieve this, a theoretical framework was developed which integrates concepts comming from sociology and architecture in a interdisciplinary viewpoint.

PRESENTACIÓN

Este artículo forma parte del proyecto FONDECYT (111492). La incidencia del Programa de Lotes con Servicios. Evaluación y Propuesta Regionalizada, realizado en el Instituto de la Vivienda de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, el Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, en conjunto con el Departamento de Inversiones del Ministerio del Interior.

Su propósito central consiste en conocer las relaciones que presentan variables sociales y físico-espaciales con el proceso de desarrollo progresivo entre sistemas de comunicación al interior de conjuntos residenciales de lotes con servicios emplazados en cuatro regiones del país.

Para su realización se elaboró un marco teórico que incluye conceptos de la sociología y de la arquitectura en una perspectiva transdiciplinaria, como un intento por superar enfoques parciales de fenómenos complejos y dinámicos, a través de la integración de la teoría de los sistemas sociales autorreferentes y la noción de lugar. Las principales relaciones hipotéticas planteadas se exploraron mediante un análisis asociativo e interpretadas a la luz de los resultados y de sus consecuencias teóricas y prácticas.

Este artículo complementa una publicación anterior aparecida en el número 20 de este Boletín titulada "Desarrollo Progresivo en Conjuntos de Lotes con Servicios: Análisis Preliminar", el cual incluye una caracterización de la progresividad en el sistema familia vivienda según las agrupaciones residenciales y regiones objeto de estudio. En un próximo número se publicarán los resultados del estudio de casas que contempló el Proyecto, además de recomendaciones operativas y de diseño.

METODOLOGÍA

Los resultados que se presentan proceden de un survey social realizado durante los meses de junio y julio de 1993 a través de la realización de una encuesta estructurada que se administró a 485 beneficiarios del Programa de Mejoramiento de Barrios del Ministerio del Interior en el período 1982-1992.

Sobre la base de los antecedentes emanados del Banco de Proyectos de este programa, proporcionados por el Departamento de Inversiones del Ministerio, se confeccionó un listado de las 135.223 unidades sanitarias entregadas en el lapso de estudio ya fueran radicaciones o erradicaciones. A partir de esta información se seleccionó una muestra a nivel nacional, de acuerdo a dos criterios básicos: el número de soluciones implementadas y la representatividad de una sectorización habitacional del país, recurriendo para ello a la realizada por los arquitectos O.Sepúlveda y G.Carrasco (Instituto de la Vivienda, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Chile, (Proyecto FONDECYT 061788). En función a los criterios antes mencionados se eligieron las regiones III, Metropolitana, VIII y X.

A continuación se privilegiaron las comunas que concentraban un mayor número de soluciones, quedando seleccionadas para la muestra: Copiapó, Conchalí, Recoleta, Concepción, Talcahuano, Osorno y Puerto Montt.

Para determinar las agrupaciones específicas a seleccionar al interior de cada comuna, por constituir una categoría central en el estudio de la progresividad, se empleó un criterio temporal, distinguiéndose conjuntos recientes (con menos de 3 años) y antiguos (mas de 5 años), procediéndose a elegir un conjunto de cada tipo.

La estimación del total de las unidades muestrales, se efectuó aplicando la fórmula para poblaciones infinitas (universo mayor de 100.000 casos), por ajustarse a los requerimientos de la investigación:

Realizado el cálculo respectivo se obtuvo un tamaño para la muestra de 474 casos, los que fueron aumentados a 485, distribuidos en ocho conjuntos habitacionales según consta en el siguiente cuadro:

La selección de los lotes con servicios al interior de cada agrupación residencial, se efectuó sobre la base de información planimétrica, siguiendo procedimientos aleatorios sistemáticos, asegurando que todos los casos tuvieran la misma probabilidad de ser incluidos en la muestra y se distribuyeran homogéneamente en toda la superficie de ella.

Finalmente, en cada lote se procedió a encuestar a la dueña de casa en consideración a que ella es generalmente la persona que puede proporcionar información más confiable respecto a los temas que se investigaron. El trabajo en terreno se efectuó durante los meses de junio y julio de 1993, desempeñándose como encuestadores personal técnico-profesional de los Departamentos de Desarrollo Comunitario de las Municipalidades, los que fueron especialmente entrenados y supervisados en terreno por los investigadores del proyecto.

Cabe consignar que el cuestionario había sido sometido a una prueba piloto realizada en Octubre de 1992, en dos conjuntos de la ciudad de Santiago donde se eligió aleatoriamente 15 casos en cada uno de ellos.

El procesamiento de la Información se efectuó computacionalmente por medio de la aplicación del programa estadístico S.P.S.S, calculándose las asociaciones mediante el coeficiente r de Pearson. Las correlaciones analizadas en los resultados se presentan con un asterisco (*) cuando es significativa a nivel de 0,05 y con dos (**) si lo es al 0,01.

Las variables sociales y físico espaciales más complejas fueron sintetizadas a través de índices aditivos simples, en base a un conjunto significativo de dimensiones relevantes, que se configuraron del siguiente modo:

Indice de Intervención en la caseta, que consigna la ausencia o presencia de modificaciones en los distintos componentes de la caseta, tales como: cambios en la pendiente del techo, de alguna pared, intervenciones efectuadas dentro o fuera de la caseta, de puertas o piso y ampliación del baño o la cocina.

Indice de evaluación de la caseta, calculado en base a la nota (de 1 a 7) otorgada a los distintos aspectos de la caseta: materiales, artefactos, instalaciones, aislación del ruido y la humedad, ubicación de la caseta en el lote y tamaño del baño y la cocina.

Indice de Arreglos en el Sitio Antes, que registra la presencia o ausencia de intervenciones efectuados en él con anterioridad a la entrega de la unidad sanitaria: muros medianeros, cierro, arreglos en el patio, antejardín, alero, etc.

Indice de Arreglos en el Sitio Después, de acuerdo a la presencia o ausencia de arreglos realizados en el sitio después de instalada la caseta y que corresponden a los mismos señalados en el índice anterior.

Indice de Desarrollo Progresivo del Sitio, construido en base a la resta de los valores del Indice de Arreglos en el Sitio Antes de instalada la caseta, con respecto al Indice de Arreglos en el sitio después de su instalación.

Indice de Participación en Arreglos de la Casa, elaborado en base a la colaboración de miembros de la familia u organizaciones del sector en la construcción de nuevas piezas o arreglos.

Indice de Sociabilidad Vecinal, que registra la opinión sobre determinadas características de las vecinas, tales como si son amistosas, copuchentas, de confianza, intrusas y si se hacen favores.

Indice de Existencia de Organizaciones Comunitarias, de acuerdo a la existencia en el conjunto residencial de Juntas de Vecinos, Clubes Deportivos, Centros de Madres, Comunidades Religiosas y Comites de Allegados.

Indice de Infraestructura Física, según la nota asignada a elementos tales como, alumbrado y teléfonos públicos, pavimento de calles y veredas, plazas y áreas verdes, canchas y sedes comunitarias.

Indice de Problemas Sociales, que registra la presencia o ausencia de alcoholismo, drogadicción, robos y asaltos, allegados en el conjunto.

Indice de Problemas Físicos, según presencia o ausencia de basurales, alcantarillas tapadas e inundaciones por aguas lluvia.

Indice de Participación Comunitaria, de acuerdo al grado de involucramiento medido a través la preocupación por los problemas del conjunto residencial, la afiliación a organizaciones vecinales y la asistencia a reuniones.

MARCO TEÓRICO INTEGRADO

Los hábitat residenciales han sido estudiados a través de distintos enfoques que han enfatizado los aspectos socioculturales o físico-espaciales según sean los intereses propios de las vertientes sociológicas o arquitectónicas.

Aunque esta distinción analítica de la realidad ha proporcionado conocimientos de gran valor, también ha conducido a la elaboración de explicaciones reduccionistas producto del desarrollo de marcos conceptuales independientes. De esa forma, se ha intentado dar cuenta de la dinámica social aludiendo a variables físico-espaciales como causas, o se ha pretendido que los cambios en la base material de los hábitat son siempre función de la cultura y la estructura social.

A lo menos durante las tres últimas décadas, los estudios de los fenómenos urbanos se han servido de una perspectiva de sistemas para abordar globalmente dichas realidades. De manera declarada o implícita, muchos investigadores han debido recurrir a categorías relacionales para trabajar con variables de distinto orden.

Desde los coloquios organizados por el Comité de Ciencias del Comportamiento, en Chicago en los años cincuenta, donde ya resultaba clara la utilización de principios sistémicos, las investigaciones orientadas bajo esta forma de concebir los fenómenos urbanas se han multiplicado. A partir de esa matriz conceptual inspiradora se ha transitado desde una concepción mecánica de la realidad urbana, hacia una visión evolutiva, ya sea simulando modelos de interacción o formulando metodologías que faciliten la toma de decisiones (Bailly, 1978).

No obstante, ambos senderos continúan vinculados a la línea clásica de la Teoría General de Sistemas, que como tal, puede aplicarse indistintamente a una diversidad de fenómenos donde predomine una perspectiva holística por sobre el estudio de partes aisladas. Es decir las contribuciones efectuadas en el ámbito urbano a partir de esta perspectiva se basan directa o indirectamente en la noción de sistemas abiertos formulado por Ludwig Von Bertalanffy hacia mediados del presente siglo.

Más recientemente, la formulación de una teoría de sistemas socioculturales como una vertiente con principios propios y contenido independiente, aplicable específicamente a realidades sociales concretas, permite avanzar fructíferamente en el análisis de los hábitat residenciales. Dicho aporte se encuentra representado por la obra del sociólogo alemán Niklas Luhmann, quién rompe con la tradición disciplinaria precedente, sustituyendo las ideas clásicas de causalidad sistémica y descartando la supuesta existencia de constantes estructurales (Amold, 1988).

Por otra parte el entendimiento de los componentes fisico-espaciales en realidades producto de la acción humana como son las ciudades, ha llevado a los especialistas de la arquitectura y el urbanismo a utilizar la noción de «lugar», elaborada por Georg Simmel y desarrollada mas tarde por Joseph Muntañola, David Cantery Christian Norberg-Schultz, entre otros, en orden a conectar las propiedades del espacio con elementos simbólicos y de significación.

Población Montesinos - Osorno - Radicación

Se hace necesario entonces iniciar una conceptualización transdisciplinaria que, por una parte, supere las limitaciones de los modelos desarrollados hasta ahora y, por otra, resulte lo suficientemente general para incluír variables de diverso orden y nivel analítico como son las sociales y fisicoespaciales.

En este artículo se hará una síntesis de las categorías teóricas básicas tanto del enfoque Luhmanniano como de la noción de «lugar», a partir de las cuales se presentará un esquema integrador como marco conceptual de la investigación.

Elementos conceptuales del Enfoque Luhmanniano

Como teórico, Luhmann representa en la actualidad una de las más importantes corrientes de pensamiento en Alemania siendo uno de los sociólogos más polémicos de Europa, al proponer un nuevo modo de pensar la sociedad basado en la teoría general de sistemas, desde la cual reformula radicalmente el pensamiento sociológico contemporáneo (Rodríguez y Arnold, 1991).

Para alcanzar dicho propósito, el autor recurre desde el inicio a la teoría de sistemas como una manera de ubicarse en una perspectiva que le otorgue la máxima amplitud posible en la descripción de realidades que estructuran relaciones a través de la diferencia entre sistema y entorno. El autor basa su construcción teórica en la realidad de estos fenómenos de diferenciación, con lo cual quiere decir que existen sistemas objeto de investigación que justifican el empleo del concepto de sistema, siendo posible estudiar las funciones de las estructuras sin que sea necesario suponer una totalidad como punto de partida (Luhmann, 1991). Como el sistema ya no se considera como algo dado resulta plausible preguntarse por su actividad fundamental que es, según el autor, la comprensión y reducción de la complejidad del mundo circundante (Luhmann, 1973: 113).

En el núcleo de esta teoría se distinguen tres tipos de sistemas autorreferentes que son los sistemas vivos, los sistemas síquicos -o relativos a las personas como individuos- y los sistemas sociales. Cada uno de ellos se diferencia por la particular forma en que realizan sus operaciones y reducen la complejidad de sus entornos, de manera que los aspectos blológicos son propios de los sistemas vivos, la conciencia es el modo de operación de los sistemas síquicos y la comunicación es el rasgo característico y definitorio de los sistemas sociales (Luhmann, 1991).

Estos grandes sistemas se diferencian respecto de sus propios entornos y construyen formas particulares de actuación. Así, al constituirse cada uno de estos sistemas como conjuntos cerrados o autopolíticos, es decir, capaces de reproducir los elementos de los cuales se compone, no mantienen contacto directo entre sí. Pese a ello, el autor considera que existe una forma de relación entre estos macrosistemas denominada Interpenetración. Mediante esta operación, un sistema pone a disposición de otro su propia estructura, para que este último pueda construir su propia complejidad.

En este sentido "los sistemas sociales suponen vida" (Rodrigez y Arnold, 1991). Lo mismo ocurre en el caso de la relación entre persona y sociedad; para que una sociedad se pueda crear es necesario que existan personas que a partir de sus estructuras permitan la construcción de otras nuevas, con formas de operación que no se basan en la conciencia individual sino que en la comunicación.

Ahora bien, la socledad es un sistema autorreferente (capaz de referirse a sí mismo tanto en la constitución de sus elementos como en las operaciones que realiza) y autopolítico (capaz de reproducirse a partir de sus propios elementos), que se compone de comunicaciones y que puede, a su vez, diferenciarse en distintos subsistemas, cada uno de ellos cerrados y autorreferentes que poseen un ámbito determinado de comunicaciones, delimitando sus propios entornos y reduciendo la complejidad de un modo especializado.

Luhmann entiende que los sistemas sociales no están compuestos por personas sino de comunicaciones generadas a partir de un sentido companldo. Los seres humanos, en consecuencia, no pertenecen al sistema social, sino a su entorno. (Rodríguez y Arnold,1991: 113). Ello no significa que un sistema social pueda existir sin seres humanos, sino que los supone como base, de ahí que sostenga que los sistemas psíquicos y los sistemas sociales han surgido coevolutivamente como realidades clausuradas en relación a sus propias operaciones, de manera que ninguno puede determinar. La autopoiesis del otro ni sus cambios de estado, puesto que ellos dependen de su propia estructura.

Por otra parte todo sistema social presenta fugacidad en tanto desaparece cuando termina la última comunicación que no ha logrado conectarse con otra posterior para mantener su permanencia en el tiempo. El problema básico de todo sistema social es entonces seguir reprociendo comunicaciones para asegurar su permanencia, sean éstas de carácter afectivo en el sistema familiar, teorías en la ciencia, decisiones en las organizaciones, etc.

Puesto que ninguna persona puede concretar todas las opciones posibles, se generan sistemas sociales que restringen las posibilidades de selección mediante procesos comunicativos. El sentido surge como una estrategia selectiva de posibilidades que permite a los sistemas psíquicos y sociales procesar la complejidad del entorno de manera autorreferente, puesto que este tipo de sistemas no pueden experimentar o actuar fuera de él (Rodriguez y Arnold, 1991).

Pensamos, sin embargo, que la aplicación del enfoque Luhmanniano a la dinámica de los hábitat residenciales, no puede efectuarse sin una conceptualización previa del espacio como una dimensión de la realidad susceptible de adquirir sentido para los sistemas sociales. En tanto teoría sociológica, dicha discusión no es desarrollada por este autor, puesto que enfatiza la configuración de los diversos sistemas sociales en general, sin considerar en particular a aquellos que, como los conjuntos residenciales, incluyen el territorio como una categoría que contribuye a fundamentar el sentido de las comunicaciones que allí ocurren.

Espacio y Lugar

Una de las premisas básicas que sustenta el desarrollo de este enfoque teórico integrado tiene que ver con la realidad de los sistemas de comunicación, que, por el hecho de ser producto de la práctica social, se sitúan necesariamente en el tiempo y en el espacio.

El espacio constituye un concepto impersonal que obedece a determinadas relaciones entre formas geométricas. Sin embargo, desde la perspectiva de los sistemas autorreferentes no es posible definir un espacio con independencia de un observador capaz de establecer límites y atribuir significados a ciertos cuerpos reconocibles en ese espacio. Si bien esos cuerpos pueden romper la infinitud de la extensión espacial, las fronteras que establece el observador es relativa. En otras palabras, no existe la delimitación absoluta del espacio válida para todos los observadores, sino que en el caso de los sistemas sociales surge como producto de selecciones compartidas en torno a los elementos escogidos como delimitadores.

Lo anterior puede postularse si se asume que el espacio por sí mismo no constituye un sistema, entendido como un conjunto de elementos que efectúa operaciones por sí mismo. El espacio no se autolimita sino que siempre es limitado por algún sistema-observador, sean éstos síquicos o sociales. Este entonces no posee únicamente una connotación física y natural, pues como realidad concreta, requiere ser vivida por alguien pudiendo conocerse sus atributos mediante la experiencia. La imagen colectiva que se hace de él corresponde a un espacio percibido con el cual cada sociedad se identifica (García, 1986), por ello, aunque el espacio constituye una dimensión del medio ambiente, supera lo puramente físico y tridimensional (Frampton, 1990).

Debido a esta doble realidad física y humana, diversos autores prefieren emplear el concepto de lugar, para representar la relación entre lo físico y lo social. Lugar es entonces tiempo en el espacio, pues alude a un proceso de lugarización que surge sobre la base de la experiencia y la asignación de sentido (Muntanota, 1973). El espacio como las personas, constituye el ambiente de los sistemas sociales que se convierte en lugar cuando es observado y adquiere significación, es decir cuando se incorpora a su entorno para un intercambio dirigido con intención de centro. Como cada sistema se diferencia generando su propio entorno, aquellos sistemas sociales que utilizan preferentemente las pautas interaccionales directas (con cercanía espacial), son los que tienden con mayor probabilidad a diferenciar un cierto espacio que identifica el tipo de comunicación que se desarrollara en su interior.

Siguiendo al sociólogo alemán George Simmel, Muntanola señala que la naturaleza social del lugar es posible de ser profundizada si se acude a la definición kantiana del espacio como posibilidad de coexistencia. Surgen así un conjunto de rasgos propios del espacio socializado entre los que se encuentran: a) Su exclusividad, es decir, cualquier trozo de espacio es único. b) La existencia de límites por la práctica social, que implica que este no es un hecho espacial con repercusiones sociológicas, sino un hecho sociológico con forma espacial. c) Que los contenidos de las relaciones sociales se fijan dentro de un espacio determinado (Simmel,1939). La expresión simbólica del espacio hace posible la estabilidad para los grupos, facilitando su identificación, sentido de pertenencia y asignación de valor. La permanencia en un sitio deterrninado favorece la forrnación de una imagen ambiental que posee identidad, estructura y significación, y que, por tanto, puede ser comunicada al interior de un sistema social

(Norberg-Schultz, 1983).

Por estas razones algunos autores consideran que acción y espacio son indivisibles puesto que la acción se apoya en un tipo de espacio y éste a su vez reafirma una determinada acción, conformando un patrón de acontecimientos en un espacio que es inventado por la cultura (Canter, 19n). En otras palabras, lo social no puede existir fuera del espacio ya que éste, en cuanto sitio significativo, deja de ser una pura forma geométrica para constituir un lugar reconocido y diferenciado por un grupo, con el propósito de transformarse en el ámbito específico donde se efectúa determinada comunicación con sentido.

De esta forma, los grupos generan lugares donde cierto tipo de comunicaciones son coherentes y válidas, en tanto otras resultan fuera de contexto.

La lugarización se produce como un proceso de diferenciación del territorio que efectúa un sistema previamente constituido, por cuanto el espacio por sí solo no genera sistemas sociales. De este modo el hecho que las comunicaciones se apoyen en un tipo de espacio determinado es aceptable si se reconoce que dicho espacio ha sido construido significativamente por el sistema social de manera previa.

Lo anterior no permite postular que el espacio no posea influencia sobre los sistemas sociales, sino que esta se encuentra determinada por la definición que con anterioridad dicho sistema ha efectuado respecto de él. De ahí que un mismo espacio pueda ejercer diversas influencias en distintos sistemas. Como estas influencias no constituyen cornunicación propiamente tal pueden asumirse bajo lo que Luhmann denomina irritación que representa efectos -no traducibles completamente por el sistema- y que constituyen exigencias estridentes del exterior ante las cuales se debe reaccionar para operar de manera efectiva (Luhmann, 1991).

La expresión simbólica del espacio hace posible la estabilidad para los grupos y en consecuencia el desarrollo de identificación, imagen, sentimientos de pertenencia y asignación de valor. El lugar a diferencia del espacio aparece entonces como una realidad que no concieme exclusivamente a las actividades o sólo a los edificios que las alojan, sino a aquellas unidades de experiencia dentro de las cuales actividades y forma física estan amalgamadas (Canter, 19n). El espacio como lugar adquiere un destino cuando es reconocido, diferenciado y apropiado por un grupo con el propósito de transformarlo en un ámbito especifico donde efectuar comunicaciones con un sentido particular.

Por otra parte, las delimitaciones del espacio aumentan la probabilidad de que las comunicaciones del sistema sigan reproduciéndose, pues al limitarse las posibilidades de interacción se garantiza la atención necesaria para la comunicación (Luhmann, 1991). Es por esta razón que al extenderse los significados propios de un grupo hacia otros mayores, normalmente se modifican las fronteras físicas y simbólicas tanto a nivel micro como macro social.

Ahora bien, teniendo en cuenta como base los elementos conceptuales expuestos de manera resumida, la tesis central del presente enfoque afirma que, en los conjuntos residenciales urbanos, estos fenómenos de diferenciación socio-física poseen un correlato en a lo menos tres sistemas reconocibles producto de comunicaciones autorreferentes: la familia, el vecindario y la comunidad. Cada uno de ellos tiende a generar límites que vuelven significativas determinadas acciones para cada sistema lugar.

Propuesta Teórica.

Cabe indicar que los elementos conceptuales que aquí se exponen no deben entenderse como un modelo completo, más bien constituyen las bases provisionales para el desarrollo de un enfoque integrado de análisis de fenómenos sociofísicos, privilegiándose la interpretación de procesos de diferenciación sistémica que ocurren al interior de habitat urbanos pobres que pueden contribuir a comprender procesos de mejoramiento residencial.

La dinámica de cambio al interior de conjuntos residenciales urbanos pobres puede ser esquematicamente descrito a través de distintos momentos de evolución que implican el desarrollo de tres sistemas básicos de comunicación con límites sociofísicos diversos, permitiendo con ello identificar y diferenciar el sentido que adquieren para las agrupaciones humanas un conjunto de acciones de progresividad y mejoramiento.

En un primer momento el hábitat se expresa en un conglomerado residenclal, constituido por un agregado de familias que tienen la potencialidad de articular posteriormente vecindarioso comunidades, aunque al inicio expresan necesidades y aspiraciones organizadas sólo en torno al sentido de la comunicación familiar. La familia -donde la comunicación significativa se vincula emotivamente a lazos de parentesco- define su lugar a partir de la vivienda y el sitio circundante, como el ámbito propio donde la comunicación ocurre. Así la casa, que es el espacio significativo para la interacción familiar, se tranforma en vivienda a partir de un proceso de lugarización, lo que implica generar un referente físico, sin el cual la comunicación sería imposible de situar.

Como sistema, la familia clausura su comunicación en torno a su propio sentido, así como la puerta de la casa se cierra para aislar la vivienda del ambiente externo.

Es necesario reconocer el hecho que en la configuración inicial del sistema de comunicaciones, los aspectos espaciales no estan involucrados directamente. Esto no quiere decir que en el caso de la familia, por ejemplo, el espacio habitacional disponible no la pueda afectar, puesto que incluso es posible que contribuya efectivamente a disgregarla cuando el hacinamiento resulta insoportable; Más bien se quiere decir que las variables espaciales no forman parte sustancial del proceso de diferenciación sistémica que hicieron posible a un sistema social de comunicación.

De hecho los sistemas sociales no surgen motivados por la necesidad de diferenciarse de una cierta extensión de territorio, ni siquiera de cualquier objeto físico existente. Los grupos surgen de la diferenciación que efectúan de otros grupos mayores con el propósito de generar ámbitos restringidos de sentido que permitan efectuar ciertas operaciones de manera más eficaz.

La correlación entre un sentido autorreferente y un referente físico-espacial determinado que en forma conjunta dan cuenta del lugar, ratifican a la familia como el sistema de mayor estabilidad. El sistema familiar surge habitualmente antes que la vivienda, teniendo la posibilidad de recomponer varios lugares entomo a la misma pauta de interacción aún cuando cambie muchas veces de residencia con el transcurso del tiempo. Esos cambios no alteran fundamentalmente el sentido familiar, pero si los atributos del lugar, en la medida que involucran una nueva dinámica de adaptación del espacio.

La familia no es el único sistema posible de observar al interior de conjuntos residenciales, pues con el tiempo tiende a estructurarse otro límite de comunicación con sentido propio distinto al familiar. Esta configuración corresponde al vecindario, que por estar basado en la simpatía mutua incluye sólo algunas de las familias cuyos domicilios se encuentren próximos. De ahí que no todo un pasaje, cane o cuadra, se identifique como el lugar propio de la interacción vecinal, sino sólo aquel espacio donde este tipo de comunicación ocurre con mayor frecuencia. La comunicación con sentido vecinal incluye las conversaciones habituales, favores, encargos y otras pautas de comportamiento basadas en la confianza recíproca. El sistema vecinal surge espontáneamente como expresión de simpatía, amistad y solidaridad y sus límites varían de un conjunto habitacional a otro, por lo que no pueden ser definidos previamente, desde fuera.

Con el tiempo, el entorno inmediato a las viviendas se convierte en una unidad de experiencia colectiva, en un lugar vecinal. Cuando esto ocurre, los vecinos ejercen un control territorial respecto de él, identificándolo como «su lugar».

No siempre con la permanencia prolongada en un conjunto habitacional emerge el sistema vecinal, pues la proximidad residencial no es condición suficiente para que los vecinos establezcan relaciones sociales armónicas. Cuando existen fuertes tensiones sociales se reducen los sentimientos de identificación, territorialidad, pertenencia y arraigo con espacios que podrían haberse convertido en lugares vecinales. Un entorno social percibido como hostil y potencialmente agresivo puede provocar en las personas que conforman un vecindario un repliegue hacia el sistema familiar y su espacio privado como el ámbito que ofrece una mayor cobertura y seguridad para reducir la complejidad del entorno.

Aunque en el vecindario existe una delimitación compartida del espacio, ello no implica la necesidad de que este sistema dirija su atención hacia el espacio intermedio para efectuar acciones de mejoramiento. Ellas no forman parte en rigor de la comunicación vecinal, puesto que si así fuera se debería esperar un mayor desarrollo de dichos espacios del que efectivamente es posible observar.

La pregunta de por qué si existen muchos vecindarios no todos hacen arreglos en sus respectivas calles y pasajes? puede ayudar a clarificar esta situación. La respuesta tendría que ver con la existencia de otro sistema de comunicación que sí pone el acento en la realización de acciones de mejoramiento en el espacio público y en la organización. Los sistemas que efectúan arreglos a través de la participación, aunque sean muy pequeños, deben considerarse comunidad y no vecindario, puesto que para la consecución de un logro colectivo es necesario superar el nivel de la mera amistad y simpatía mutua mediante la socialización de un nuevo contenido, es decir, creando otro sistema de comunicaciones orientado a una función diferente.

La comunidad puede coincidir, ser más reducida o desbordar los límites espaciales y sociales del vecindario. Aunque las mismas personas que conforman con sus comunicaciones los limites del sistema vecinal acruen como comunidad si deciden efectuar mejoras en su calle, por ejemplo, también es posible que el sistema se restrinja, cuando sólo algunos vecinos se interesan en la iniciativa, o bien se amplíe, en tanto dicho objetivo intercepta el interés de personas que residen en otros vecindarios cercanos.

Si bien el carácter particularista e íntimo del vecindario representa un poderoso factor que facilita el contacto entre los vecinos para proponer contenidos externos a la comunicación de simpatía típica (como puede ser el arreglo colectivo del entorno), el sistema comunitario no puede sostenerse sólo en ello, requiriendo necesariamente de la racionalidad instrumental para lograr la consecución de sus objetivos. La incorporación de elementos de formalidad, en términos de división de funciones, planificación de tareas o atribución de responsabilidades específicas y por tanto, de control de obligaciones, torna posible la participación en el mejoramiento de diferentes tipos de espacios. Esto es válido desde el acuerdo entre los vecinos para instalar una simple banqueta en una vereda hasta los grandes esfuerzos colectivos destinados a dotar de costosos equipamientos a un conjunto residencial.

Puede concebirse entonces a la comunidad como un híbrido comunicacional que comparte elementos formales e informales, porque necesita tanto de la integración emotiva propia del grupo primario como de la eficacia organizativa de los grupos secundarios. De esta manera la comunidad puede reemplazar la falta de recompensa material para sus miembros a la vez que adaptarse a una contingencia más elevada, que deriva de la incorporación de personas no siempre conocidas y de la necesaria vinculación que debe establecer con sistemas externos (Municipalidad y otros servicios públicos centralizados o descentralizados).

La comunidad no surge como una definición en base a criterios territoriales ajenos a quienes la conforman, sino por el contrario, constituye una configuración socio-espacial que emerge "desde dentro". Pensar que lo propio de la comunidad es su identificación con la totalidad del un conjunto residencial resulta erróneo, porque la extensión espacial de un conjunto no puede por sí misma determinar el sentido de las comunicaciones corrunitarias. Tampoco es posible identificar ningún elemento objetivo que impulse siempre al sistema comunidad a delimitar todo el espacio que conforma un conjunto habitacional, como sucede con las divisiones territoriales que efectúan los municipios para organizar las demandas de la población mediante unidades vecinales.

Por otra parte debe considerarse que el sistema comunidad se conforma en una etapa avanzada en la evolución de los conjuntos residenciales, pues requiere de una toma de conciencia sobre problemas que afectan a todos los habitantes del conjunto, o al menos a un número significativo de ellos, y que es necesario plasmar organizaciones eficaces para resolverlos. De este modo las comunidades organizadas, estén reconocidas legalmente o no, poseen como objetivo general promover a nivel local un desarrollo sostenido de alguna dimensión socialmente relevante. Surge de una definición compartida respecto de cierta realidad socio-espacial en la que se habita y se convive, trascendiendo el sentido del parentesco y la amistad, para incorporar la participación como eje central de un nuevo tipo de comunicación que permite una resolución de problemas más efectiva que si se opera exclusivamente dentro de los trámites de la familia y el vecindario. Caben entonces diversas rnodalidades de acción comunitaria, desde juntas de vecinos con directivas y representantes formales hasta pequeñas organizaciones articuladas por manzanas o calles.

De acuerdo a esta perspectiva teórica, los llamados procesos de desarrollo progresivo no se limitan exclusivamente al mejoramiento de las condiciones materiales de las viviendas, siendo este sólo un aspecto en que se verifica. La distinción de tres sistemas-lugar con rasgos autorreferenciales y autopoieticos que establecen limites socio-espaciales, permite entender que la progresividad también ocurre en el sistema comunidad y que incorpora dimensiones igualmente centrales para definir las condiciones de habitabilidad.


RESULTADOS DEL ESTUDIO

En esta sección se presentan los principales resultados derivados del análisis asociativo efectuado entre las diversas dimensiones del desarrollo progresivo y un conjunto de variables sociales y fisico-espaciales en los tres sistemas diferenciados al interior de los conjuntos residenciales estudiados. De ese modo las diversas influencias detectadas mediante valores de correlación significativos, se presentan ordenadas en cada sistema por grupos de variables como: características básicas de las entrevistadas, rasgos relativos a la situación familiar, dimensiones propias del vecindario y la comunidad además de variables fisico-espaciales del conjunto residencial.

SISTEMA FAMILIA VIVIENDA

Influencia de las Características Básicas de la entrevistada

El tiempo de residencia de la entrevistada resultó asociado positivamente con el índice de evaluación de la caseta (.15**), es decir, a medida que transcurre el tiempo la caseta es mejor considerada. Esto significa que cuando los habitantes residen más tiempo en un conjunto, como sucede en las poblaciones de radicación, el beneficio otorgado por el programa representa una solución total a un problema de saneamiento, por lo general, largamente esperado. De este modo, su logro tiende a ser comparativamente más valorado que en las situaciones donde la caseta constituye una etapa fundante de una nueva vivienda, como ocurre en los más recientes asentamientos de erradicación incluidos en la muestra.

En cambio, esta misma variable se encontró negativamente asociada con el número de intervenciones en la caseta (-.21**), lo que pone de manifiesto que los mejoramientos de la unidad sanitaria se generan primordialmente en los primeros años de su instalación como producto de rápidos procesos adaptativos del sistema familiar, de manera que el paso del tiempo no induce a las familias a introducirle nuevos cambios, tendiendo a considerarse como una solución consolidada o terminal.

Tambien se verificó que con el tiempo de residencia se tiende con más frecuencia a considerar que las piezas de la casa son definitivas (.19**) y a disminuir el grado de desarrollo progresivo en esta (-.28**). Ello indica que con el transcurso de los años, el desarrollo progresivo de la vivienda tiende a estancarse, produciéndose la mayor progresividad durante los primeros años como producto de las necesidades de adaptación de la familia en el nuevo contexto habitacional y a sucesivos procesos de lugarización. El mayor desarrollo progresivo experimentado por la vivienda en una etapa inicial es sin embargo precario, siendo probable que al disponer de menos recursos las familias efectúen construcciones provisorias y posteriormente, debido a que la consolidación de la vivienda implica mayores costos, la progresividad se produce a una tasa mucho menor.

Además, el tiempo de residencia en la población influye negativamente en la progresividad del sitio (­.28**) y en los mejoramientos introducidos con posterioridad a la llegada de la unidad sanitaria (-.14*).

Como se mencionó anteriormente los mayores niveles de progresividad ocurren durante los primeros años de residencia de la familia en el conjunto. Estos hallazgos pueden interpretarse como derivados de una imperiosa necesidad del sistema familia por lugarizar lo mas prontamente posible no sólo su casa, sino también el sitio circundante a ella, contando con un mínimo de seguridad y privacidad.

Por otra parte se pudo comprobar que al aumentar el tiempo de residencia de los habitantes en el conjunto se produce un menor involucramiento de la familia en los mejoramientos introducidos en el sitio y la vivienda (-.15*), lo que significa que durante los primeros años la mayoría de los arreglos son efectuados por los miembros de la propia familia, en etapas intermedias se realizan con la ayuda de maestros, en tanto que en las avanzadas, la progresividad tiende a ocurrir mediante la contratación de maestros. Esta relación puede derivar de la influencia de al menos dos factores; por un lado resulta evidente que durante etapas iniciales del ciclo familiar existe una menor disponibilidad de recursos económicos, debiendo asumir la propia familia un rol más activo en la completación de la vivienda y, por otro, se comprobó que el paso del tiempo determina la consolidación definitiva de las piezas de la casa.

La edad de la entrevistada resultó asociada positivamente (.14*) con la opinión favorable respecto del impacto de la caseta en la situación familiar. Este hallazgo no resulta sorprendente si se tiene en cuenta que la edad de la entrevistada se encuentra fuertemente asociada con el tiempo de residencia en el conjunto (.50**) siendo posible sostener que las demás edades corresponden de preferencia a residentes antiguas en conjuntos de radicación. Como en estos las casetas son relativamente mejor evaluadas, era esperable constatar mayor frecuencia de opiniones favorables sobre las ventajas que ha reportado para el grupo familiar haber sido beneficiaria del programa.

Esta variable también está relacionada con la opinión sobre el grado de consolidación de las piezas de la vivienda, por cuanto a mayor edad se tiende con mayor frecuencia a considerarlas como definitivas (.28**). Al mismo tiempo tambien se verificó que con el aumento de la edad, disminuye el desarrollo progresivo de la vivienda (-.21**), implicando que su progresividad es mayor cuando las personas son más jóvenes, lo que desde el punto de vista del ciclo familiar corresponde a una etapa de expansión que con el tiempo tiende a estabilizarse.

La educación es otro factor básico que resulta importante, ya que las personas con más años de escolaridad son las que tienen menor residencia en el conjunto (-.32**), son más jóvenes (-.50**) y sus viviendas muestran un mayor desarrollo progresivo (.16*). Esto esta vinculado al aumento de la cobertura del sistema educativo formal en las últimas décadas y con el efecto modemizador que ejerce la educación al aumentar la calidad de vida. Así, a mayor educación la persona estaría desarrollando también mayores expectativas habitacionales, impulsando con ello la progresividad en su vivienda.

También la escolaridad muestra relación, aunque moderada, con los niveles de desarrollo progresivo del sitio (.15*), de manera que allí donde las encuestadas cuentan con más años de educación formal se realizan mas arreglos en ellos.

La forma de tenencia de la vivienda se relaciona con la edad de la entrevistada (.21**) y la estimación sobre el grado de consolidación de las piezas (.19**). Así, quienes eran propietarios desde el inicio de la población tienden a ser personas de más edad y que con mayor frecuencia consideran las piezas de su casa como definitivas. Resulta probable que ello ocurra por los procesos de territorialidad y lugarización que operan a medida que la familia va logrando una mayor estabilidad residencial y considera los arreglos y ampliaciones no como un gasto, sino como una inversión en lo propio.

Influencias de la Situación Familiar

En relación a esta dimensión se pudo comprobar en primer término que cuando el jefe de familia no era el marido de la entrevistada, sino ella misma, un hijo u otra persona -situaciones que revelan un funcionamiento irregular del sistema familiar- la valoración de los elementos, atributos y recintos de la caseta es menor (-.17*). Esto implica que cuando la familia es completa, asumiendo el esposo la jefatura del hogar, tiende a producirse un mayor reconocimiento derivado probablemente de una transferencia de comunicaciones con sentido, propios del sistema familiar hacia el objeto evaluado, aumentando o disminuyendo su significado segUn este presente o no el cónyuge.

La jefatura del hogar muestra también una correlación positiva con respecto a las personas que realizan la mayoría de las construcciones y arreglos (.14*). De modo que los arreglos son efectuados en mayor medida por miembros de la familia si el jefe es el marido de la entrevistada, en cambio, existe un menor involucramiento en ellos si la jefatura del hogar recae en otro miembro de la familia, recurriéndose en estos casos a maestros para la mayoría de los arreglos. Esta relación indica que el hecho de usar o no maestros no sólo tiene un componente temporal y económico sino que también se vincula con la estabilidad de la familia. De hecho la jefatura del hogar constituye un indicador muchas veces utilizado para dar cuenta de "constitución familiar".

Ello no quiere decir que siempre la jefatura paterna redundará en que la familia realice la totalidad de los arreglos, más bien da cuenta de una normalidad cultural que refuerza, como tendencia general, la cooperación al interior de la familia.

Por otra parte se constató que cuando algún miembro del grupo familiar está trabajando actualmente o ha trabajado en la construcción, con mayor frecuencia se construyen piezas despues de instalada la caseta (.14*) y aumenta el valor del Índice de Participación en Arreglos (.15*). Resulta lógico esperar que si hay familiares trabajando en el rubro construcción, estimule a la pareja, los hijos y otros familiares, a tomar parte en los arreglos de la vivienda y el sitio.

El aumento del número de personas en el sitio actúa disfuncionalmente, puesto que disminuye el desarrollo progresivo de la casa (-.14*) al incrementar los problemas por allegamiento, que necesariarnente están implicando mayores gastos y menores posibilidades de inversión destinadas a la vivienda.

Además un mayor número de personas en el sitio y de personas que usan la caseta, también aumenta la participación en arreglos (.19** y .20** respectivamente). Es probable que al residir más personas en el sitio, exista mayor disponibilidad para que ellas se incorporen como mano de obra en los mejoramientos.

Sin embargo no es posible saber, en base a este resultado, en qué arreglos se tiende a participar y bajo qué condiciones.

Esta interrogante puede ser respondida por la asociación entre el número de casas existentes en el sitio y su desarrollo progresivo (.16*). Esto indica que con el aumento de viviendas por sitio también se registra un mayor desarrollo progresivo en él.

Resulta importante indicar que esta correlación no se verifica para el desarrollo progresivo de la vivienda, lo que puede estar señalando que los allegados externos, representados por la presencia de más de una vivienda en cada lote asignado, se están involucrando preferenternente en los arreglos que se efectúan al sitio y no en los introducidos en la casa principalmente beficiaria de la caseta sanitaria.

Influencias del Involucramiento de la Familia en los Arreglos

En cuanto al grado de involucramiento del sistema familiar en las decisiones para introducir mejoras en la casa o el sitio se pudo advertir que este se encuentra asociado tanto con la opinión positiva sobre la influencia del programa en la situación familiar (.26**) como respecto al número de intervenciones introducidas a la caseta (.17**).

Esto puede ser interpretado en términos que un clima social armónico, expresado en la participación de todos los componentes del sistema familiar en las decisiones relativas al mejoramiento del espacio privado, esto es, la vivienda y el terreno, tiende a desencadenar procesos de Jugarización manifestados también en numerosas intervenciones tendientes a mejorar la condición inicial de la unidad sanitaria, lo cual redundada a su vez en un mayor reconocimiento de la influencia positiva de esta en el mejoramiento de la calidad de vida del grupo beneficiario.

Por otra parte cuando la mayoría de las construcciones o arreglos son realizadas por miembros del grupo familiar, se tiende con mas frecuencia a considerar las piezas de la casa como provisorias; en tanto que cuando se construye sólo en base a la contratación de maestros, se las califica como definitivas (-.17*).

Esto muestra otros rasgos que asume el desarrollo progresivo en el programa de lotes con servicios. En una primera etapa este desarrollo se produce a una tasa muy alta, pero de calidad precaria dado que la familia no es experta en construcción lo cual lleva a hacer construcciones y a considerarlas como provisorias. Pero a medida que la familia se estabiliza y es capaz de generar mayores recursos, efectúa arreglos mayores que requieren de calificación y por ende, de contratación de maestros que les confiera un carácter más definitivo a los recintos de la vivienda.

Además se pudo constatar que cuando los arreglos son decididos por toda la familia, se produce un mayor nivel de desarrollo progresivo (.21*") y construocción de más piezas despues de instalada la caseta (.20**) que cuando ellos son decididos sólo por la dueña de casa o su pareja.

Otra dimensión incursionada dice relación con la opinión acerca del impacto producido en la familia derivado de la instalación de la caseta, apreciándose que cuando las personas reconocen que esta influyó en las construcciones o arreglos realizados posteriormente, se observa también un mayor desarrollo progresivo de la casa (.23**), poniéndode manifiesto el impacto dinamizador que tiene la caseta cuando las personas le asignan un sentido positivo a su instalación, al mismo tiempo que al realizar arreglos valorizan las construcciones, es decir, son variables que se retroalimentan entre sí.

Asimismo se observó relación entre la evaluación sobre del impacto de la instalación de la caseta en el sitio sobre la situación familiar, la evaluación de la casa y la opinión sobre el grado de consolidación de las piezas. Así, quienes evalúan que la instalación de la caseta en el sitio mejoró la situación familiar, tienden a evaluar mejor la casa (.17") y a considerar las piezas como definitivas (. 15*). Esto indica que a medida que se va consolidando la vivienda, se genera una mayor valorización de los arreglos, especialmente en los conjuntos que tienen mayor tiempo, como es el caso de las radicaciones, donde la caseta viene a consolidar una situación habitacional que ya tenía un alto grado de desarrollo de acuerdo al número de piezas consideradas definitivas.

Influencias del vecindario y la comunidad sobre el sistema familiar.

Las peculiaridades de las relaciones de vecindad, derivadas de la convivencia cotidiana entre vecinos, incide asimismo en la valoración tanto de la caseta (.19**) como de los componentes y atributos de este recinto (.19**). En efecto, cuando los habitantes de los conjuntos opinan que sus vecinos son amistosos, confiables, se ayudan en casos de necesidad, no siendo copuchentos ni intrusos -dimensiones que fueron incluidas en el índice de Sociabilidad Vecinal­ tienden a otorgar una mejor valoración a la unidad sanitaria como un todo y a los diversos elementos que la componen. En este caso, de acuerdo al enfoque teórico que inspira esta investigación, podría postularse que se está en presencia de una resonancia experimentada por el sistema familiar derivada de estímulos provenientes de su entorno vecinal, de manera que cuando la percepción de su clima es negativo, siendo la sociabilidad entre los vecinos baja o nula, las familias tienden a conceder evaluaciones insatisfactorias tanto a las casetas consideradas como una unidad, como a sus componentes y atributos. En este mismo sentido se pudo apreciar que a mejor evaluación de la sociabilidad vecinal, aumenta la evaluación de la casa (.20**) y se consideran sus piezas como definitivas (.14*).

El Índice de Evaluación de la Caseta se encontró asociado con el Índice sobre problemas sociales prevalecientes en el conjunto residencial, en el sentido que las personas que percibían alta prevalencia de alcoholismo, drogadicción, robos y asaltos, etc. tendían a evaluar negativamente los atributos, componentes y espacios de la unidad sanitaria (-.17").

En este caso también es posible interpretar este hallazgo en función de una resonancia en el sistema familia producida por el clima social imperante en su entorno. Si la convivencia entre los residentes de un conjunto es severarnente entorpecida por la percepción de un clima social hostil y potencialmente agresivo o peligroso influye en la evaluación negativa, reveladora de insatisfacción con la solución entregada.

La percepción sobre la existencia de organizaciones comunitarias en el conjunto está asociada tanto a la evaluación de la caseta y de la casa como al índice respectivo. De esta forma aquellos que señalan que en sus asentamientos existen muchas asociaciones voluntarias otorgan valoraciones inferiores comparado a los que señalan que estas organizaciones no existen (-.16**) respecto de la evaluación de la caseta, (-.19**) respecto de la evaluación de la casa y (-.19**) con relación al índice.

La valoración inferior de la unidad sanitaria por parte de quienes residen en conjuntos que cuentan, a juicio de los entrevistados, con un mayor número de asociaciones voluntarias en el sector, podría eventualmente derivar de una mayor exigencia en los estándares de habitabilidad. El hecho que en el hábitat se disponga de varias instancias de participación y que ello sea percibido por sus moradores puede implicar un mayor grado de apertura en el sistema familiar, una mayor capacidad de discernimiento y selectividad del entorno que permitiría disponer de criterios de comparación y aspiraciones más refinadas y elevadas, respecto de quienes viven en contextos que no cuentan con organizaciones sociales en que los habitantes participen o puedan eventualmente participar.

Características Físico-Espaciales

En cuanto a las características físico-espaciales del conjunto se verifica que cuando los habitantes perciben un mayor número de problemas físicos en éste, se tiende a realizar evaluaciones más negativas de las casetas (-.19**) asimismo cuando los habitantes perciben una infraestructura de equipamiento físico deficitario o de baja calidad los residentes tienden a evaluar la caseta en forma más negativa (.19**).

En los conjuntos más jerarquizados y ordenados en cuanto a su trama, vialidad y equipamiento se verifica un mayor reconocimiento respecto a que la instalación de la caseta influyó en la construcción de nuevas piezas (.19**), con mayor frecuencia se consideran las piezas como provisorias (-.20**), se produce un mayor desarrollo progresivo tanto en la vivienda (.21**) como en el sitio (.19**) y un mayor número de arreglos efectuados despues de instalada la caseta (.22**).

Respecto de la topografía del terreno donde se emplazan los conjuntos se puede apreciar que cuando hay pendiente existen menos intervenciones en la caseta (-.15*) aunque la evaluación de sus distintos componentes es positiva (.23**), opinándose además que la instalación de la unidad sanitaria no influyó mayormente en la situación familiar (-.14*).

Cuando el terreno es plano se construyen más piezas (.26**) opinándose que lomas urgente es efectuar grandes arreglos a la casa (.16*). Estos resultados indican que la caseta en estos casos da respuesta a una necesidad cuya solución es de alto costo para la familia, a pesar de lo cual no pueden iniciar fácilmente nuevos arreglos en la vivienda si su situación socioeconómica no mejora.

Por otra parte se comprobó que en la medida que la materialidad de la caseta está de acuerdo a las características regionales se tiende a: reconocer que su instalación influyó en construcciones posteriores (.18*) y a efectuar mayores intervenciones en las unidades sanitarias (.31**). Además, en este caso, se aprecia un mayor desarrollo progresivo de la casa (.27**), se construyen más piezas después de instalada la caseta (.44**) y se estima que se deben realizar grandes arreglos urgentes en la vivienda (.17*).

De todo lo anterior se puede inferir que cuando los materiales utilizados en la construcción de las unidades sanitarias son consonantes con sus condiciones climáticas y se encuentran enraizados en la tradición cultural de la arquitectura de la zona, como sucede cuando se utiliza predominantemente la madera en las regiones del sur o se incorpora ladrillo en la zona central, se observa una cierta tendencia hacia situaciones de progresividad.

Sin embargo se comprobaron dos asociaciones que poseen una dirección opuesta a la constatada más arriba que relativiza el efecto positivo de la armonía entre la materialidad y el entorno. En efecto, cuando la materialidad de la caseta era concordante con el contexto regional se registraba una peor evaluación de sus componentes (-.25**) y existía un menor involucramiento de la familia en las construcciones efectuadas en la vivienda (-.17*).

SISTEMA VECINDARIO

Influencias de las características de la Entrevistada.

El tiempo de residencia en la población de la entrevistada y su edad están negativamente asociados con el hogar donde conversa con los vecinos y el hecho de celebrar con ellos en su calle o pasaje fiestas y conmemoraciones, encontrándose que las residentes más antiguas y de mayor edad no conversan con sus vecinas o lo hacen sólo cuando van de compras, en tanto las más recientes y jóvenes conversan más frecuentemente con ellas de una reja a otra o en el interior de sus viviendas (-14* y -18** respectivamente).

Las residentes más antiguas y de más edad, que generalmente habitan en conjuntos de radicación, paradojalmente tienden, con el transcurso del tiempo, a evitar relacionarse con sus vecinas y a conversar sólo ocasionalmente con ellas.

Como dicho entorno a su vez, con el transcurso del tiempo de residencia de las familias en los conjuntos, tiende a ser percibido como hostil y potencialmente peligroso, caracterizado por la prevalencia de problemas sociales, tienden a limitar sus interacciones con los vecinos sólo a los contactos inevitables y formales -breves diálogos- con motivo de coincidir en los lugares de compra o en su trayecto hacia ellos, cerrándose las comunicaciones a aquellas referidas al sistema familiar mismo y a su espacio privado representado por su sitio y su vivienda, con lo cual no tendría sentido participar con el vecindario en actividades conjuntas en espacios intermedios percibidos y significados como hostiles. En otros términos, se produciría una resonancia provocada por el entorno poblacional hacia el sistema familiar, en términos que sus integrantes eluden las comunicaciones frecuentes y cercanas con sus vecinos.

El nivel de escolaridad está en cambio positivamente asociado con el uso de calles o pasajes con ocasión de festividades (.16*).

Un aspecto que ayuda a comprender esta relación es el hecho que la mayor parte de dichas celebraciones constituyan cumpleaños de los hijos de las entrevistadas, siendo necesario ocupar el espacio inmediatamente cercano a la vivienda por las pequeñas dimensiones de la mayoría de ellas. En este caso, la educación parece traducir una mayor preocupación por los hijos más que una apropiación del espacio intermedio, pues otras celebraciones colectivas como fiestas patrias o navidades eran muy poco frecuentes entre los vecinos.

Situación Familiar.

El número de personas que viven en el sitio se encuentra asociado con la participación de los vecinos en arreglos efectuados en la calle o pasaje (.14*) lo que significa que cuando los terrenos están más densamente ocupados aumentan los arreglos efectuados en los espacios intermedios con la participación de todos los vecinos del sector. Este resultado podría indicar que cuando hay gran presión en el espacio privado, especialmente cuancto existen allegados se producen más acciones tendientes a mejorar calles y pasajes junto con otras personas que conforman el vecindario.

Influencia del Clima Social.

El índice de participación comunitaria está asociado tanto con la cercanía a la vivienda de la entrevistada de las personas con las que se lleva mejor en el barrio (.17*) como respecto del índice de sociabilidad vecinal(.25**). Esto es, quienes más participan en organizaciones voluntarias territoriales, tienden a convivir mejor y tener amistad con las vecinas que residen en su misma calle o pasaje.

Se puede decir que estos factores asociados tienden a reforzarse mutuamente en términos que, cuando los habitantes no participan en organizaciones tienden también a tener una baja sociabilidad con sus vecinas otorgándoles atributos negativos, evitando conversar con ellas.

Además la existencia de organizaciones en el asentamiento se asocia con el grado de participación de los vecinos en arreglos efectuados en las calles o pasajes (.14*) de manera que en aquellos conjuntos en que se perciben diferentes instancias de participación social, aunque los residentes no participen efectivamente en ellos, parece existir un clima social propio del sistema comunitario que los impulsa a realizar arreglos en los espacios interrnedios con la intervención activa de todos los vecinos.

En este mismo sentido opera la participación efectiva en juntas vecinales. Allí donde existe mayor participación en estas asociaciones se producen arreglos en las calles o pasajes con la participación de todos los vecinos (.29**), siendo el motivo expresado para efectuar los arreglos, precisamente, la amistad existente entre los vecinos (.24**).

Parece claro que un clima social caracterizado por la inexistencia de organizaciones territoriales, en que no existe participación de los habitantes en juntas vecinales, conduce a una despreocupación y, tal vez, deterioro progresivo de los entornos inmediatos a las viviendas, en tanto donde este es positivo en cuanto existe alta sociabilidad vecinal, mecanismos de participación social y participación efectiva en las juntas de vecinos, éstos tienden a mejorar las condiciones de las calles o pasajes mediante una intervención concertada del sistema comunidad en estos espacios semipúblicos, producto de un fenómeno de interpenetración entre éste y el vecindario.

Otra variable considerada en esta investigación refuerza las interpretaciones anteriores. En efecto, si los residentes de un sector están organizados de manera más inclusiva, incorporando en los arreglos de las calles y pasajes a todos los habitantes de un conjunto en vez de articularlos por cuadras o manzanas, se registra una alta asociación con el uso efectivo de los espacios intermedios y con la cercanía de los contactos o conversaciones con los vecinos (.25**).lgualmente cuando existe esta forma de organizaci6n de los vecinos elrnotivo preferente de los arreglos de las calles o pasajes esta constituido por Ia amistad existente entre ellos, participando todaIacomunidadresidencialen los mejoramientos, en vez de algunos vecinos (.29**).

Los resultados anteriores permiten plantear que la existencia de un sistema comunidad, representado por una forma organizativa en la que participan todos los habitantes de un asentamiento tiene más eficacia para el mejoramiento de espacios intermedios que organizaciones menos inclusivas en que sólo participan quienes viven en la misma calle o pasaje donde se efectúan las intervenciones. La amistad entre los vecinos parece representar la base para una delimitación compartida del espacio intermedio tendiente a la lugarización, pero es el sistema comunitario en definitiva quien opera concretando la progresividad en las calles o pasajes de los conjuntos.

Características Físico espaciales de los Conjuntos.

La dotación y calidad de la infraestructura física disponible en los conjuntos habitacionales, representado por el índice respectivo, se encuentra asociado con el índice de sociabilidad vecinal, cuya elaboración se expuso en páginas anteriores (.17*).

Este hallazgo implica que los asentamientos que disponen de más cantidad y mejor calidad de infraestructura, valorado por sus residentes, contribuye a formar un clima de armonía en el vecindario, expresado por opiniones favorables respecto a los vecinos, comprobándose que la ausencia, poca cantidad y mala calidad de los componentes físicos del espacio público residencial, constituyen no sólo un factor de insatisfacción con dichos espacios, sino que repercute negativamente en la posibilidad que los vecinos establezcan comunicaciones socioemocionales significativas, conformadores de vecindario y de comunidad.

El tiempo del asentamiento influye negativamente en el uso de los espacios intermedios por parte de los vecinos (-.20**) y en especial por la realización de fiestas en la calle (.32**), lo que implica que son los residentes de los conjuntos recientemente construidos quienes mas utilizan las calles y pasajes para realizar celebraciones colectivamente. Este resultado en si mismo puede considerarse sorprendente por cuanto era plausible hipotetizar que con el paso de los años tenderían a producirse contactos mas íntimos entre los vecinos que eventualmente los conduzcan a procesos de lugarización de la calle o pasaje.

Sin embargo, para interpretar esta asociación habría que recordar que con el transcurso del tiempo cambia el ciclo vital de las familias; así en las poblaciones más antiguas predominan las personas con más edad, cuyos hijos probablemente se han casado y cambiado de residencia.

Las características topográficas del terreno de los asentamientos aparece asociada con tres variables: la cercanía del lugar donde viven los vecinos con los cuales conversa la entrevistada (.19**), la sociabilidad vecinal (.24**) y el hecho de usar calles y pasajes para celebrar fiestas durante los últimos dos años (.25**).

El sentido de la asociación indica que cuando la topografía del terreno del asentamiento presenta pendientes pronunciadas, los vecinos conversan más y de manera mas próxima entre sí ya que lo hacen con mayor frecuencia y al interior de sus casas o de una reja a otra, manifiestan una opinión más favorable del vecindario y el espacio intermedio cobra un especial significado social, siendo utilizado para conmemoraciones.

Al parecer, el dominio visual que tienen los habitantes de conjuntos ubicados en laderas de cerros sobre su entorno ffsico, que incluye hasta los espacios semiprivados de sus vecinos, favorece el surgimiento de territorialidad y de un sentido más colectivo de convivencia y son proclives a gatillar procesos de lugarización de las calles y pasajes, las cuales por la configuración morfológica del terreno resultan más susceptibles de apropiación.

En tanto los conjuntos planos tienden a una uniformidad perceptual, a perspectivas limitadas, presentan mayor dificultad de ser significados como una unidad, tendiendo a atomizar las comunidades residenciales.

Por otra parte, la jerarquización de vías del conjunto se encuentra asociada con el uso de espacios intermedios (.21**)y especialmente por el hecho de efectuar celebraciones en ellos (.32**), en términos de la legibilidad físico-espacial del asentamiento, derivado de la existencia de una trama claramente jerarquizada, favorece la utilización de estos entornos por parte de los residentes.

Por último el tamaño del conjunto está asociado con el uso de los espacios intermedios (.28**), las celebraciones de fiestas en dichos espacios (.29**) y con la participación más limitada de los vecinos en los arreglos (-.16*). Esta última asociación revela que cuando los conjuntos habitacionales tienen mayor número de habitantes se tiende a potenciar la participación por cuadras o manzanas, en tanto que en los menos numerosos la progresividad de los espacios intermedios ocurre mediante mecanismos que incluyen a toda la población residencial.

SISTEMA COMUNIDAD.

Influencia de las Características Básicas de la Entrevistada.

Uno de los aspectos que caracteriza la situación de la muestra fue el tiempo de residencia de los encuestados en la población, la cual demostró estar asociada positivamente con el índice de problemas sociales (.24**) y con el índice de organizaciones comunitarias (.18**). La correlación indica que al aumentar los años de permanencia en ella se perciben más problemas sociales y se reconoce un mayor número de organizaciones comunitarias.

La interpretación de estas relaciones resultan consistentes con el marco conceptual del estudio, en el sentido que a medida que transcurre el tiempo existe una tendencia a que el sistema familiar se abra hacia sus entornos, puesto que se comienza un proceso de articulación de relaciones sociales que amplía su capacidad de observación de realidades problemáticas en el espacio local como el alcoholismo, la drogadicción, los robos y asaltos, etc. Lo mismo ocurre con la percepción de un mayor número de organizaciones comunitarias, aunque en este caso es posible suponer además que dicho aumento sea realmente efectivo, es decir, es poco probable la existencia de un número elevado de juntas de vecinos, clubes deportivos, centros de madres y otros, en etapas de evolución del hábitat, cuando los habitantes, en su mayoría, están recién llegados.

Por otro lado, la percepción de este tipo de organizaciones involucra una exposición a contenidos temáticos propios de la acción colectiva de mejoramiento, con lo cual resulta comprensible que se manifiesten opiniones mas críticas entre los residentes antiguos, los cuales han internalizado muchas de las demandas de estas organizaciones pese a no participar activamente en ellas, mientras que los recién llegados se encuentran volcados en forma casi exclusiva a la comunicación familiar, en gran medida ajenos a lo que ocurre en su entorno.

Por otra parte, el tiempo de residencia y la edad de la encuestada se encuentran vinculadas en forma directa con la opinión respecto a la intención de quedarse a vivir o mudarse de la población (.16*) y (.20**), respectivamente, indicando que en la medida que ambos factores temporales aumentan se produce una tendencia a un mayor arraigo.

En cambio, el nivel de instrucción estuvo correlacionado con la intención de permanecer en la población (-.19**). Al parecer las personas con mayor educación asumen estándares mas exigentes de habitabilidad, de manera que poseen también mayores expectativas de cambio de residencia que aquellos menos educados, quienes se encuentran probablemente más satisfechos con las características del sector residencial.

Influencia de la Situación familiar

El número de personas que habitan en el sitio se encuentra inversarmente asociado al índice de infraestructura física del conjunto residencial (-.12*). Este resultado podría dar cuenta de niveles mas elevados de tensión y conflicto al interior de la familia, repercutiendo en una visió negativa hacia la infraestructura.

Debe considerarse, sin embargo, que en esta relación tambien existe una influencia del tiempo en la medida que el número de personas en el sitio tiende a aumentar con los años, de manera que al aumento de la tensión por efecto de la concentración de personas en el sitio, se está sumando el incremento de la conciencia crítica propia de la población con mayor antiguedad en los asentamientos.

La misma interpretación anterior puede aplicarse a la correlación entre el número de casas por sitio y el índice de problemas sociales (*.13). En este caso también un aumento en el número de viviendas en el sitio coincide con una percepción mas pronunciada de problemas sociales en el sector.

Además, tanto el número de personas como la cantidad de viviendas por sitio, correlacionaron positivamente con el índice de organizaciones comunitarias percibidas (.13*) y (.17*) respectivamente. Estos resultados refuerzan la intervención de la variable tiempo como un factor explicativo en las asociaciones anteriores, toda vez que las situaciones de hacinamiento o allegamiento ocurren, la mayor parte de las veces, en períodos de tiempo intermedios o avanzados en la evolución de un hábitat.

Influencia de las Características Físicas del Conjunto.

En relación a este tipo de características destaca la relación verificada entre la topografía del terreno, el índice de infraestructura (.36**) y el índice de problemas físicos registrados en el conjunto (.-19**). Las correlaciones indican que en los asentamientos construidos en terrenos con pendientes pronunciadas, se evalúa mejor la infraestructura, al mismo tiempo que la población manifiesta una menor presencia de problemas como basurales cercanos, alcantarillas tapadas o inundaciones. Estos datos son coincidentes con la calidad y cantidad efectiva de la infraestructura en conjuntos residenciales ubicados en cerros o terrenos con fuertes pendientes, ya que en ellos el Estado ha debido efectuar una mayor inversión en este tipo de dotaciones, en la medida que el Programa de Lotes con Servicios más que un programa de vivienda, constituye una acción de saneamiento y urbanización, lo cual es claramente percibido por los habitantes.

La topografía resultó significativamente asociada además con los problemas sociales percibidos en el conjunto (.33%), la participación comunitaria (.18%)

La forma como se organiza la población para efectuar actividades de mejoramiento (.22**) y el índice de organizaciones existentes (.-.22%).

Nuevamente en los conjuntos con pendientes pronunciadas o fuertes se presenta una situación más favorable, toda vez que, en esos casos la población denuncia menos problemas sociales, registrando un nivel más elevado de participación.

Cuando la población realiza alguna actividad, predomina una organización que tiende a involucrar a toda la población en vez de sectorizarse por calles o manzanas, como ocurre en los conjuntos sin pendiente.

Por último se registraron un conjunto de relaciones con la variable referida a la estructura espacial del conjunto que caracteriza la diferenciación de vías en la trama urbana.

A mayor jerarquización de vías se perciben menos problemas físicos (.-12*) a la vez que se evalúa de mejor forma la infraestructura existente (.48**) y las personas señalan que cuando efectúan acciones conjunto, la organización predominante incluye a todos los habitantes de la población (.23%).

Estos resultados reafirman la hipótesis que una estructura espacial legible para el habitante, derivada de una jerarquización clara de sus vías, favorece el dominio territorial.

CONCLUSIONES

El análisis asociativo efectuado permitió establecer un conjunto de relaciones entre dimensiones sociales y físico-espaciales relativas a los procesos de desarrollo progresivo a nivel de los tres sistemas considerados en la investigación.

El examen de las correlaciones obtenidas revela la presencia de factores que, por su fuerza y consistencia, permitieron interpretar y estructurar las relaciones encontradas. Tal es el caso de las variables temporales que proporcionaron no sólo una caracterización de las variaciones del fenómeno de la progresividad, sino también posibilitaron integrar asociaciones aisladas de difícil interpretación.

En el sistema familia-vivienda el tiempo de residencia influye decisivamente en la secuencia de diversas dimensiones de desarrollo progresivo. Si bien se manifiesta de manera irregular y con una fuerte concentración de intervenciones en la caseta y en la casa durante etapas iniciales, tiende después a un notorio estancamiento de la progresividad atribuible a la instalación de la unidad sanitaria. Lo mismo ocurre con los arreglos al sitio, lo cual indica que el desarrollo progresivo da cuenta de una dinámica de lugarización global que establece prioridades en las intervenciones que trascienden la búsqueda de una habitabilidad mínima representada por la contrucción de recinto para dormir y estar.

Esto resulta especialmente claro en los casos de erradicación donde la necesidad de lugarización constituye una estructura de selecciones que se organiza con la emergencia misma del sistema familiar y se activa en el momento en que se ocupa un nuevo sitio, transformándolo mediante un proceso de construcción de significados asociados a dicho espacio, en lugar familiar, lo que se expresa en huellas físicas como antejardines, pérgolas y parrones, mencionados por los encuestados y constatados en terreno. En cambio, la presencia de muros medianeros o la construcción del cierro del sitio hacia la calle, aunque podrían dar cuenta de comunicaciones vinculadas a diferenciaciones de estatus de la familia respecto del vecindario, parecen ser manifestaciones de un sentido de territorialidad y resguardo, dada la prontitud relativa con que se construyen.

Refuerza este análisis la influencia negativa que ejercen los problemas sociales percibidos en la valoración de los encuestados sobre la caseta sanitaria.

Por otra parte el paso del tiempo influye en el carácter definitivo que se le atribuye a la mayor parte de las piezas de la casa, aún cuando se registra un menor involucramiento de la familia en los arreglos. Esto último indica que con los años y la disponibilidad de mayores recursos, las familias recurren a la contratación de maestros para efectuar arreglos mayores que pemiten contar con recintos consolidados, muchos de ellos construidos de material sólido, que requieren por tanto de mano de obra especializada. Esta interpretación queda ratificada además por las asociaciones registradas por la variable edad de la entrevistada.

Se comprobó también que elnivel de escolaridad es un factor dinamizador del desarrollo progresivo de la vivienda y el sitio.

Desde el punto de vista de los sistemas sociales autorreferentes, la interpretación de esta relación incorpora nuevos elementos al análisis al considerar la educación como potenciadora de la capacidad del sistema familiar para efectuar diferenciaciones en su entorno.

La apertura a nuevos contenidos temáticos ayuda a entender por qué la educación gatilla deseos de progresar, no sólo porque ella misma involucra la idea de progreso, sino también por su capacidad para aumentar las posibilidades de selección.

Así familias que comparten las pautas normativas de la subcultura de la pobreza, marcada por el fatalismo y la autocompasión, pueden abrirse a otros modelos de sentido.

En cuanto a las características de la familia fue la jefatura del hogar la que mostró mayor consistencia para dar cuenta de las variaciones en la valoración de los atributos y recintos de la caseta sanitaria y en relación al involucramiento de la familia en los arreglos. Una familia donde el padre ejerce la jefatura del hogar resulta más favorable para la progresividad habitacional, mientras que cuando ese rol es ejercido por otra persona el efecto positivo disminuye significativamente.

A su vez el tamaño de la familia constituye otro factor que ejerce influencia sobre el desarrollo progresivo del sitio, lo que resulta especialmente útil para clarificar la función de los allegados en el proceso. Ellos tienden a participar en este tipo de arreglos porque constituye, en cierta medida, un espacio común, como es el patio o los espacios de tránsito entre la propia casa y la calle, no verificándose esta participación respecto a la vivienda principal, significada como lugar privado, siendo por tanto responsabilidad de la familia que allí habita llevar a cabo la progresividad. Este resultado plantea además importantes implicaciones para el análisis de la dinámica sociofísica del allegamiento, en especial para el establecimiento de límites en la lugarización y la fijación de fronteras de sentido que identifica como sistema a cada familia al interior de un mismo sitio.

Por otra parte, los arreglos decididos por toda la familia implican mayores niveles de desarrollo progresivo de la vivienda. Estos rasgos ponen de manifiesto que sobre el sistema familia se producen procesos de reforzamiento del sentido ya que cuando todos los miembros del grupo familiar participan, se genera un mayor dinamismo que si cada uno actua por separado o si las decisiones son tomadas únicamente por el jefe del hogar.

Pero no sólo la dinámica interna del sistema familiar afecta las características que asume la progresión, pues los datos obtenidos permitieron observar que determinados rasgos extemos tambien pueden provocar situaciones de resonancia.

La presencia de un menor grado de sociabilidad entre vecinos y la percepción de problemas sociales en los conjuntos se asocian a una menor evaluación de la caseta. Tal resultado confirma otros encontrados en diversas investigaciones que han concluido que la percepción de delincuencia constituye la mejor predicción para la satisfacción residencial y vecinal (Lee, B., 1986), así como la percepción de condiciones de inseguridad influye negativamente en la valoración de las soluciones habitacionales inhibiendo la sociabilidad vecinal, la configuración de comunidades y la participación comunitaria (De la Puente, P; Munoz, P; Torres, E., 1990).

En el sistema ven las variables tiempo de residencia en la población y edad de la encuestada también permitieron aclarar y ordenar un gran número de asociaciones significativas.

El transcurso del tiempo, en este caso, implica una disminución de los rasgos típicamente vecinales, de manera que aspectos tales como la sociabilidad es más fuerte entre las beneficiarias recién llegadas que entre las antiguas. Esta desarticulación de los vecindarios a medida que pasan los años en los contextos sociales estudiados, constituye un hallazgo sorprendente que abre una interesante área de estudio para futuras investigaciones. Al parecer la fuerte necesidad de arraigo que induce a los nuevos residentes a incrementar su sociabilidad no logra mantenerse a través del tiempo, siendo insuficiente para sobrellevar los estímulos negativos provenientes de otros sistemas, tendiendo replegarse hacia la familia.

El número de personas que habitan el sitio constituye una característica del sistema familiar que se vincula con los arreglos efectuados en el espacio intermedio. Lo anterior implica que estos espacios semipúblicos experimentan una suerte de privatización o apropiación por parte de personas que posiblemente ni siquiera forman parte del sistema familiar, como es el caso de los allegados.

En otros términos, carecer de un espacio privado o tenerlo de manera muy precaria haría que se volcara la atención hacia el entorno espacial inmediato a las viviendas, haciendo arreglos en un espacio público cercano en conjunto con otros vecinos.

Otro efecto que puede ser asumido como resonancia en este nivel es la relación encontrada entre la sociabilidad vecinal y la participación comunitaria, la que muestra fuertes vínculos entre la estructura vecinal y la acción participativa de los habitantes en arreglos colectivos al espacio intermedio, de modo que el incremento en la sociabilidad refuerza la participación y viceversa.

En relación a la influencia de las variables físico­espaciales se observó que la calidad de la infraestructura repercute positivamente en la sociabilidad vecinal. Por otra parte, la presencia de pendientes en la topografía del terreno, una estructura jerarquizada de vías y tamaños pequeños de los conjuntos residenciales son factores que afectan las características del vecindario, planteando interesantes y novedosas relaciones hasta ahora muy poco estudiadas.

Las correlaciones efectuadas con las variables que caracterizaron diversas dimensiones del sistema comunidad presentan un comportamiento similar a los otros dos sistemas analizados.

Así el mayor tiempo de residencia y la edad implican mayor percepción de problemas sociales y de organizaciones comunitarias, lo cual resulta altamente consistente con el resto de indicadores que evaluaron estos factores. La percepción de problemas y de este tipo de organizaciones involucra una exposición a contenidos temáticos propios de la acción colectiva de mejoramiento, con lo cual resulta comprensible que se manifiesten opiniones más críticas entre los residentes antiguos, que han internalizado muchas demandas de estas organizaciones pese a no participar activamente en ellas; mientras que los recién llegados se encuentran mucho más volcados hacia la comunicación familiar, en gran medida ajenos a lo que ocurre en su entorno.

Por otra parte el número de personas y de casas por sitio se encuentran asociadas, aunque débilmente con las opiniones sobre los problemas sociales y la infraestructura física del conjunto. También demostraron tener baja influencia sobre las dimensiones de la comunidad aspectos físico-espaciales, como la construcción aislada o pareada de las casetas y su adosamiento a la casa.

En cambio otras variables arquitecturales juegan un rol clarificador en las variaciones que registran los datos en este sistema. Es así como la topografía del terreno donde se emplaza el conjunto residencial ejerce influencia sobre la percepción de problemas, los niveles de participación, las formas en que se organiza la comunidad para efectuar arreglos y el número de organizaciones existentes. Esta tendencia da cuenta de niveles de una integración social elevada relacionada con una mayor visibilidad que adquiere el entorno en situaciones de pendiente. Aquí el conjunto residencial puede ser aprehendido como un todo con mayor facilidad, perdiendo importancia la cuadra o el pasaje como delimitaciones típicas del plano.

La identificación más fuerte pasa a ser entonces "el cerro" como criterio diferenciador respecto del ambiente externo y que une a las familias que habitan ese espacio.

Por último destacan en este sistema la importancia que adquiere la jerarquización de las vías sobre la evaluación de los problemas físicos, la dotación y calidad de la infraestructura existente y la forma de organización de los habitantes cuando efectúan arreglos en el espacio intermedio.

Todo esto refuerza la idea que una jerarquización de calles que logra separar ámbitos públicos mediante vías principales, de espacios semi-públicos al interior de pasajes, no sólo favorece una mejor evaluación de la infraestructura y minimiza los problemas físicos, sino que también contribuye a organizaciones sociales que integren a los habitantes de todo un conjunto habitacional, evitando la atomización y el debilitamiento de la participación comunitaria.

CONSIDERACIONES TEÓRICAS A LA LUZ DE LOS RESULTADOS.

La información recopilada en la presente investigación permite efectuar una serie de precisiones al marco de referencia utilizado, haciendo explícitas algunas relaciones que se habían presentado de manera genérica en la etapa de elaboración teórica.

Por otra parte, la incorporación de variables incluídas en las técnicas de recopilación de datos utilizadas y que no habían sido consideradas en la aplicación de la teoría de los sistemas autorreferentes y lugar al fenómeno de la progresividad habitacional, han proporcionado nuevas fuentes inspiradoras de relaciones e hipótesis susceptibles de comprobar a través de futuras investigaciones sobre el tema.

En relación a las características del desarrollo progresivo los datos obtenidos ratifican que éste se produce siguiendo una secuencia lógica desde dentro hacia afuera de la vivienda, aunque con algunos matices que agregan nueva información, especialmente en los casos de las erradicaciones donde el impacto del programa es mayor. En estos casos se verifica una progresión focalizada en la construcción de espacios habitables en una primera instancia, seguido por su adosamiento a la caseta y de otros arreglos estructurales a la pendiente de los techos y la construcción de nuevas piezas. Con posterioridad adquiere cierta importancia el cierro del sitio hacia la calle seguido por arreglos en el patio, presentándose los mejoramientos al antejardín en una etapa posterior cuando empiezan a estructurarse las relaciones con el entorno vecinal.

Durante los primeros años el proceso recae casi exclusivamente en manos de la propia familia, mientras que en etapas intermedias y avanzadas la contratación de maestros es cada vez mas frecuente.

Es altamente probable que el inmediatismo prevalezca en las primeras etapas de la progresividad, tornándose más planificada posteriormente, lo que parece reafirmarse por el mayor gasto y el carácter definitivo que se atribuyen a los recintos a medida que transcurre el tiempo.

De todas las variables independientes consideradas para observar su comportamiento respecto de las diversas dimensiones de la progresividad habitacional, es sin duda el tiempo de residencia y la antiguedad de la población las que dan cuenta en mejor forma de la progresión tanto en la familia como en el vecindario y la comunidad.

A nivel del primer sistema, el factor temporal adquiere un carácter articulador de la acción interna sobre el sitio y la vivienda, pero también produce efectos decisivos sobre las posibilidades de apertura de la cornunicación familiar hacia el sentido vecinal y comunitario.

Los datos mostraron consistentemente que a mayor tiempo en una población se registraba una menor progresividad de la vivienda y del sitio atribuible a la instalación de la unidad sanitaria, así como disminuía el involucramiento de la familia en los arreglos.

Estos resultados son de gran importancia para comprender la progresividad no como un proceso lineal de aumento relativamente sostenido y sumatorio, sino como una función que posee un impulso inicial fuerte, que perdura dos o tres años, perdiendo con posterioridad influencia en la completación de la vivienda.

Lo anterior ocurre porque el proceso de lugarización en ese lapso es menos imperioso que al inicio del programa cuando todo resulta extraño y la ansiedad de apropiación del nuevo espacio es aplacada por las numerosas intervenciones a la caseta, la vivienda y el sitio.

Esta caracterización es mas atingente a las situaciones de erradicación donde la instalación de las unidades sanitarias adquiere una función prioritaria de tipo habitacional a diferencia de la radicación es donde el programa cumple con su rol de saneamiento. En este último caso no es posible postular un estancamiento de la progresividad habitacional, pues en ellas el desarrollo de la vivienda ya ocurrió y siendo el impacto de la unidad sanitaria sobre la progresividad mínimo, aunque su influencia sobre la satisfacción de los beneficiarios sea alta, puesto que la mayor parte de las veces constituye la completación de una vivienda definitiva.

Para decirlo de otra forma, en las erradicaciones la unidad sanitaria entregada es evaluada con referencia a cuanto falta para completar la vivienda, mientras que en las radicaciones se percibe con el optimismo propio de quien culmina un proceso.

Los resultados obtenidos sugieren que la progresión habitacional es producto de factores que incluyen efectos de comunicación que exceden el sentido familiar, aunque es éste el que posee mayor peso interpretativo. Las peculiaridades que asume la sociabilidad vecinal fue una de las dimensiones que en forma más nítida reflejó conexiones con aspectos relativos a la dinámica de la progresividad, apoyando la presencia de fenómenos de la resonancia postulados en el marco teórico del estudio, esto es que estimulaciones experimentadas por el sistema familiar, derivadas de cambios ocurridos en el entorno (vecindario), son capaces de promover nuevos estados en él.

Por otra parte la influencia que las variables temporales demostraron tener sobre el comportamiento del sistema familiar y su relación con el entorno vecinal y comunitario, obligan a un análisis más detenido del fenómeno de apertura y clausura del sistema, cuestión que fue escasamente abordado en el marco teórico.

Una distinción que ayuda a una mejor interpretación de los datos es el hecho que aparecen diversos tipos de clausura de acuerdo al tiempo de residencia o, en otras palabras, a la experiencia acumulada del entorno.

Existe un primer tipo de clausura comunicativa (cerrada) sin consideraci6n del entorno vecinal, representada por las familias recién llegadas a una población que tienen como primera prioridad la conformación de su propio lugar, lo que es típico de situaciones de erradicación inicial.

En este caso la clausura es producto del exceso de complejidad interna derivada del défiCit de habitabilidad que enfrenta una familia al no contar con una vivienda y un sitio mínimamente confortable.

Ella no percibe el entorno socio-fisico externo a la propia vivienda y el sitio, o lo hace de manera muy difusa, de modo que sus miembros no forman parte del vecindario o la comunidad por un rechazo a ciertas características de él, sino porque la mayor parte de la atención se encuentra volcada a concretar la lugarización del espacio privado.

Un tipo diferente de clausura comunicativa (abierta) es la ejecutada por las familias con mayor tiempo de residencia, caracterizada por un repliege producido despues de haber formado parte del vecindario o la comunidad. Efectivamente los datos indican que en una etapa intermedia, que suele ser reciente en la conformación del hábitat residencial, existen vecindarios constituidos espacialmente al interior de los límites de una cuadra, que se desarticulan con el paso del tiempo. Dicho repliegue hacia la comunicación familiar no es absoluto, pues se mantiene la atención sobre el entorno vecinal y comunitario. Al respecto muchas encuestadas, después de tomar parte en acciones comunitarias, declaraban paradojalmente no pertenecer a las juntas vecinales aunque asistieran a reuniones. Lo mismo ocurrió con el conocimiento demostrado respecto de las características del vecindario pese a que no se interactuara en él.

En otras palabras, el vecindario no es indiferente para las personas con cierta antiguedad en el conjunto residencial, especialmente si en algún momento se interactuó en forma frecuente con vecinos.

Otra consecuencia teórica que se desprende de los resultados del estudio, es que el proceso de lugarización externo a la familia asume a lo menos dos formas. Por una parte, fue posible reconocer una modalidad de apropiación del espacio intermedio significado como escenario para la realización de actividades colectivas tales como fiestas y celebraciones, sean estas privadas -como cumpleaños- o públicas -como navidades o aniversarios patrios­ donde el sentido simbólico es externo al espacio, constatándose por lo general intervenciones meramente transitorias y ocasionales. Por otra parte, se constató una lugarización donde el espacio inmediato se convierte en protagonista de la acción colectiva en la medida que es intervenido para hacerlo más grato y placentero, con lo cual el sentido comunicativo recae sobre el espacio mismo, generando huellas físicas que a su vez adquieren valor de mensaje tanto para los habitantes como para los observadores externos.

Futuras investigaciones podran descubrir si ciertas formas de ocupación del espacio presentan diversos efectos sobre el sentido vecinal o comunitario, o se basan en delimitaciones socio-fisicas distintas, que incluyen a ciertos participantes o excluyen a otros, según sea el tipo de actividad a efectuar.

Las variables físico-espaciales se comportaron como factores intervinientes en el proceso e interpretables conceptualmente como irritaciones, demostrando una fuerte influencia para alterar las relaciones entre las variables sociales. Estas influencias no constituyen comunicación entre sistemas, representan en cambio exigencias estridentes ante las cuales los sistemas reaccionan de algún modo para adaptarse.

Los datos tienden a confirmar esta interpretación en la medida que la relación verificada no implicaba una conciencia clara de los habitantes sobre los efectos de los factores físicos en los procesos sociales. Así por ejemplo, se constató que la dotación y la calidad de la infraestructura física presente al interior de los conjuntos residenciales es capaz de afectar la sociabilidad vecinal, ocurriendo algo similar con el pareo de las casas y casetas, la topografía del terreno donde se emplaza la población, la jerarquización de vías y el tamaño del conjunto.

Es necesario señalar que estas variables representan factores de orden distinto desde el punto de vista del control, cuestión fundamental a la hora de diseñar políticas públicas. Es claro sin embargo, el carácter facilitador de dinámicas sociales integrativas que pueden asumir la presencia de áreas verdes, canchas deportivas, sedes comunitarias o una adecuada conformación del espacio a través de una estructuración vial delimitadora de espacios públicos y semipúblicos.

La forma enque deban introducirse esos cambios de manera que maximicen su efecto potenciador de vecindarios y comunidades constituye un tema por investigar, ya que la idea de la incorporación participativa de la población es un logro difícilmente alcanzable en situaciones de escasa acción colectiva.

De hecho, por ejemplo, la casi totalidad de los mejoramientos observados en el espacio intermedio, que por su envergadura sugieren a un observador externo que en su construcción habían intervenido muchas personas, fueron en realidad el producto de la acción de familias que en forma separada extendían la lugarización mas allá de su propio sitio.

Pese a lo anterior la información recolectada reafirmó las características del fenómeno de interpenetración entre el sistema vecinal y el comunitario, es decir la estructura comunicativa del vecindario centrada en la simpatía y confianza mutua, ofrece un ambiente favorable para el desarrollo de la acción comunitaria que prioriza la organización orientada a arreglos y mejoramientos.

Se comprobó además que la mayor participación en organizaciones territoriales estaba significativamente asociada con la convivencia vecinal en la misma calle o pasaje.

Si se añade el hecho que la organización predominante de la acción comunitaria se articulaba por cuadra más que por manzanas o a nivel de todo el conjunto residencial y que el motivo principal para efectuar los arreglos consistían en la amistad entre los vecinos, se puede concluir que los límites socio­espaciales del vecindario condicionan las fronteras de la comunidad. Este hallazgo posee importantes repercusiones teóricas pues la comunidad es un sistema distinto al vecindario, al menos en su contenido predominante que es el mejoramiento de los espacios públicos mediante la participación, sería improbable que este proceso surgiera sin la conformación previa de redes vecinales de comunicación. Por otra parte, si el límite social comunitario no excede al vecinal, cabría esperar dificultades serias para la incorporación de principios instrumentales como la división de tareas, atribución de responsabilidades, control de obligaciones entre otras herramientas que increment en la eficiencia comunitaria y haga posible plantear y concretar acciones de mayor envergadura y que requieren incluso de la concurrencia de otras instancias sociales.

Dicho de otra manera, la acción comunitaria en los casos observados parece dar cuenta de una extensión del sentido vecinal que si bien ayuda a la ejecución de arreglos le otorgan un techo muy bajo, una discontinuidad en la acción y pocas posibilidades de conexión con el entorno, puesto que no es clara la existencia de una estructura distinta al vecindario que refuerce una racionalidad orientada al logro de objetivos que supere la pura simpatía recíproca.

Las consecuencias prácticas de este hecho son múltiples. Sólo por nombrar una referida a la expresión de la comunidad y su relación con el gobierno local, cabría indicar que en las poblaciones producto de programas de saneamiento como las estudiadas prevalece una tendencia hiperatomizada de participación.

Son evidentes las enormes dificultades que conlleva articular disímiles expresiones comunitarias cuando las necesidades trascienden los intereses de un grupo reducido y están referidas a diversas obras de intraestructura al servicio de todos los habitantes de una población.

A esto se suma la opinión negativa prevaleciente respecto de la labor que cumplen las juntas de vecinos, que representan el vínculo formal de la comunidad residencial con la municipalidad respectiva, con lo cual el logro de consensos colectivos para la expresión de demandas y su necesaria colaboración se hace más dificil aún.

En síntesis los datos muestran que la progresividad experimenta una evolución irregular reveladora de una asincronía en los tres sistemas estudiados. En el caso del sistema familiar ella se expresa fundamentalmente en el estancamiento que presenta el desarrollo progresivo en etapas intermedias y avanzadas en la evolución del hábitat.

El vecindario ostenta una doble dinámica; por una parte muestra una involución dada la desarticulación que experimentan las redes de comunicación a medida que transcurre el tiempo, pero a la vez expresa rasgos de latencia, la cual constituye una disponibilidad potencial del sistema para futuras comunicaciones vecinales en cuanto las familias se cierran sobre sí mismas sin perder por ello su atención sobre el entorno.

Por último la comunidad constituye un sistema que no ha logrado crear una estructura totalmente diferenciada del vecindario y que da cuenta de una limitada capacidad de acción colectiva.

Lo anterior no significa que a los residentes de los conjuntos estudiados les sea indiferente el mejoramiento de sus condiciones de vida y no demuestren interés por emprender acciones colectivas en este sentido. Por el contrario, los datos sugieren que los sistemas sociales identificados permanentemente mantienen la atención sobre los espacios que con distintas dinámicas y ritmos lugarizan y apropian a través del tiempo, pero que enfrentan dificultades de diverso tipo para concretar y efectuar el desarrollo progresivo de las viviendas y el entorno habitacional en forma constante y efectiva. Surge para los estudiosos, el desafío de elaborar esquemas compatibles y cada vez más afinados que permitan comprender la complejidad de un fenómeno dinámico, que ocurre simultáneamente en diversos niveles de la vida social y que exige de las instancias públicas y de los encargados de atender las demandas sociales insatisfechas, su canalización mediante mecanismos flexibles, complementarios y potenciadores de la sinergía latente en las familias, los vecindarios y las comunidades residenciales.


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NOTA: En Seminario: Uso del Espacio en la Vivienda Cotidiana. Universidad Autónoma de Madrid. España, 1986