Vega Martínez, A., Hernández Buelvas, E., & Barbera Alvarado, N. (2019). Configuración territorial del hábitat en el asentamiento informal Alfonso López de la ciudad de Montería-Colombia. Revista INVI, 34(97), 81-103. Como citar este artículo
Vega Martínez, Hernández Buelvas, and Barbera Alvarado: Configuración territorial del hábitat en el asentamiento informal Alfonso López de la ciudad de Montería-Colombia



Introducción

La ciudad desde su componente urbano es un contenedor de relaciones sociales, económicas, políticas y culturales a través de las cuales se gestan el desarrollo y las formas de vida propias de los asentamientos humanos (Ayala y Hernández, 2017). En la actualidad el estudio de la ciudad y lo urbano trasciende más allá del espacio físico y las actividades que en él se presentan cuando el espacio se asume como un producto social casi indiscernible, lo que implica diversificar la mirada hacia las formas de ser urbano y las relaciones que el ciudadano establece con la urbe a partir de las prácticas, representaciones e imaginarios que se construyen como resultado del modo en que se establecen las relaciones entre el hábitat y la forma en que se habita o se quiere habitar la ciudad (Restrepo y Vega, 2017).

En este sentido, la ciudad vive en constante metamorfosis que se manifiesta a partir de la actividad inmobiliaria, la llegada de nuevos colectivos y su iconografía en el espacio público (Janoschka, 2016), constituyéndose como “megamáquinas” productoras de subjetividad individual y colectiva, mediante los servicios de educación, sanidad, control social, cultura y los medios de comunicación de masas que modelan la sensibilidad, la inteligencia y el estilo interrelacional en las urbanizaciones contemporáneas (Guattari, 2003).

En estudios desarrollados sobre el análisis de la ciudad y lo urbano, se han incluido aspectos como la metamorfosis de la ciudad desde la gentrificación, el desplazamiento (interno) y la desposesión en el marco del capital inmobiliario; los barrios de autoconstrucción y su responsabilidad en la conformación urbanística, social y política de las ciudades; la influencia de la forma urbana y la aceptabilidad social en la sustentabilidad urbana en la escala del barrio; la articulación entre procesos migratorios y la informalidad urbana que derivan en conflictos sociales; el hábitat popular y el mercado laboral a partir de la inserción de migrantes rurales en los barrios de las ciudades; la distribución espacial de la población extranjera en función del periodo de urbanización y la forma de producción del espacio habitacional; las relaciones que se entretejen en el espacio entre los distintos actores incluyendo el Estado, que evidencian lecciones de regulación e informalidad (Díaz, 2015; Janoschka, 2016; Mendes, 2016; Mera, Marcos y Di Virgilio, 2015; Vaccotti, 2017; Vargas y Rodríguez, 2016; Víquez y Hernández, 2016).

Lo anterior permite establecer que la ciudad no debe definirse como objeto conceptual e inanimado desde el urbanismo, sino, más bien, como una infraestructura práctica en la que se desarrollan una multitud de actividades cotidianas que imponen determinadas dinámicas y que hacen de lo político, lo social, lo cultural, lo económico y lo urbano un proceso heterogéneo. Por esta razón, Colombia preocupada por los procesos de producción del espacio urbano, ha realizado estudios orientados a las relaciones entre lo formal y lo informal como “batallas” y “negociaciones” de lo político que se manifiestan en lo urbano y la informalidad en la producción del hábitat a partir de la dinámica del habitar (Camargo y Hurtado, 2013; Caquimbo, Ceballos y López, 2017; Martá, 2018).

En este orden de ideas la consolidación del hábitat se ha producido, en mucho de los casos, por el desplazamiento forzado, constituyéndose en una de las problemáticas que ha caracterizado las dinámicas sociales y poblacionales en Colombia durante los últimos años, en el que el departamento de Córdoba ha sido uno de los más azotados por este fenómeno, producto de la violencia de más de cinco décadas que vive el país, asociada a la guerrilla, el narcotráfico, el paramilitarismo, las bandas criminales emergentes, entre otras. Al respecto, la ACNUR -Agencia de la ONU para los Refugiados- afirma que Colombia es el país con el más alto número de personas desplazadas internamente en el mundo: con 3.943.500 desplazados internos registrados por las autoridades gubernamentales competentes desde el año 1997, se ubica en el segundo lugar después de Sudán en el continente africano (Negrete, 2002).

Estos fenómenos de producción del hábitat obedecen al crecimiento urbano descontrolado que, sumado a la falta de planificación, genera desequilibrios territoriales, desigualdades sociales, exclusión, además del incremento de los problemas de habitabilidad en las áreas urbanas, que se han constituido en referentes para el desarrollo de estudios que abordan las formas de producción social del espacio, dinámicas de apropiación y control territorial como acciones que conducen a la configuración de los asentamientos informales en las unidades espaciales conocidas como barrio. Este tipo de asentamiento se relaciona con las irregularidades en materia urbanística, constructiva y el derecho a la propiedad de la tierra, características que coinciden con la zona el cerro La Colina, donde se ubica el barrio Alfonso López, en la ciudad de Montería, cuya planificación urbana es irregular, presenta un bajo nivel socioeconómico y altos índices de inseguridad, convirtiéndose en un área receptora de migrantes por desplazamiento forzado en la región y los departamentos del país más cercanos. Por consiguiente, esta realidad de fragmentación urbana fue la que inspiró definir el propósito de la investigación orientado a caracterizar la configuración territorial del hábitat en el barrio Alfonso López como marco referencial para el análisis de los asentamientos informales consolidados a partir de la recepción de población en situación de desplazamiento.

Espacio y territorio: una combinación para la configuración territorial del hábitat

Hablar de espacio y territorio implica establecer vínculos entre los procesos espaciales y los procesos sociales relacionados con el poder y la cultura (hábitat). No obstante, el espacio está en una posición de anterioridad al territorio, el cual es generado por la acción de un actor sintagmático (sujeto que significa) que territorializa el espacio. En este sentido, es en el espacio donde se despliegan las actividades humanas, como una prisión original constituida por ecosistemas naturales y todos los factores que la caracterizan, que es transformada en territorio (prisión derivada construida o producida) por las sociedades (Raffestin, 1980). Estos vínculos que se establecen en el hábitat se consolidan a través de la relación del hombre con el mundo por medio del acto de habitar, que supone un acto simbólico de la esencia del individuo que deviene en hogar e identidad.

El territorio, consolidado como hábitat, es el resultado de la apropiación y valoración del espacio transformado mediante la representación y el trabajo, inscrito en el campo del poder de las relaciones que generan el cambio. Por tanto, el hábitat es una categoría que designa al espacio apropiado y valorizado simbólica y/o instrumentalmente por los seres humanos que intentan delimitar las superficies creando mallas (noción de límite), implantando nudos (centros de poder) y trazando redes (relaciones) (Giménez, 1999). Esta apropiación y valoración del espacio obedece a representaciones múltiples que se gestan en los actos del habitar, por tanto, son múltiples actores que desde sus visiones, interpretaciones e intereses le atribuyen determinadas características, potencias, significados reflejados en la forma como definen, ordenan, sacralizan, historizan, proyectan y controlan el espacio, tal como lo refiere Sosa (2012).

Desde esta perspectiva, existe una realidad relacional entre espacio, territorio y hábitat dado que se presenta un trinomio de acción si se considera al primero el continente donde se integran procesos físicos y factores ecológicos; el segundo, corresponde al contenido conformado por las significaciones, memorias y relaciones de poder; mientras que, en el tercero, se gestan los actos y/o comportamientos simbólicos que consolidan al territorio. Es a partir de esta fusión (espacio-territorio-hábitat) que se concibe la configuración territorial como el conjunto formado por los sistemas naturales existentes en una zona determinada y los agregados que los hombres sobreponen a estos sistemas. Por tal motivo, la configuración territorial no es el espacio, sino el encuentro entre la materialidad que reúne el espacio y la vida que la anima (habitar) (Santos, 2006).

Es en esta configuración territorial o geográfica donde se gesta la ciudad subjetiva como el espacio vivido, sentido, valorado y percibido de forma diferente por cada uno de los individuos que la conforman, pero socialmente compartido y visibilizado mediante las prácticas cotidianas que configuran paisajes culturales asociados a la identidad y el patrimonio colectivo que producen sentimientos y emociones (Zárate, 2016); vale decir, los actos del habitar. En este sentido, las ciudades subjetivas se configuran a partir de la singularidad y la complejidad de los objetos del deseo humano, previstos en los sueños, anhelos, frustraciones, prácticas, proyecciones que realizan los ciudadanos en la ciudad, desde la ciudad y con la ciudad. Por lo tanto, la ciudad es una construcción en el espacio en la que todo ciudadano tiene largos vínculos con una u otra parte de ella, cuya imagen está embebida de recuerdos y significados atribuidos por los ciudadanos para crear en su interior lugares notables e inconfundibles donde se proyecta la vida social, la cual se encuentra vinculada orgánicamente a la vivienda como inicio del hábitat del ciudadano y del dominio del entorno social, consolidando los barrios. Entendiendo por barrio aquellos sectores delimitados geográfica y simbólicamente, que representan el escenario de las relaciones de vecindario, de redes solidarias, de sentido de pertenencia, vida en comunidad y fortalecimiento de la vida privada individual y colectiva.

Configuración de los asentamientos informales en la ciudad

En la actualidad las ciudades latinoamericanas se caracterizan por impulsar proyectos urbanos que profundizan la desigualdad social y promueven la segregación sobre el espacio urbano, a favor de la re-conquista de las áreas centrales y peri-centrales por parte del capital inmobiliario, lo cual genera una reconfiguración territorial y una metamorfosis de la ciudad respecto a los usos, accesos y representaciones que los ciudadanos hacen de la misma, reflejando injusticias espaciales que dejan en entredicho el derecho a la ciudad al tiempo que confronta dos tipos de ciudad, la elitizada o de cristal y la de resistencia conocida como asentamientos informales (Hiernaux, 2014; Janoschka, 2016).

La conformación de asentamientos informales constituye un fenómeno aun presente en la ciudad colombiana dados los niveles de pobreza en el país y el avance de un conflicto armado interno que supera ya cinco décadas y que, en Bogotá, por ejemplo, ha tenido un alto impacto con la recepción de la mayor cantidad de población desplazada: 540.714 personas entre 1992 y 2012 (Caquimbo et ál., 2017). En la ciudad de Montería y en el caribe colombiano la configuración territorial de los asentamientos informales ha estado acompañada por el fenómeno del desplazamiento forzado, debido a su cercanía a áreas donde los actores del conflicto armado interno en Colombia (guerrillas y paramilitares) convirtieron la ciudad en un centro receptor permanente de población desplazada y en opción para la búsqueda de nuevas oportunidades (Pinedo y Lora, 2016).

Generalmente, los asentamientos informales se asocian con la tenencia irregular de la tierra, la autoconstrucción de la vivienda, un bajo nivel de infraestructura y residentes con bajos ingresos. No obstante, es importante considerar las dinámicas de las relaciones sociales y políticas que ocurren allí, al igual que aspectos a nivel espacial, estructural y legal (Lombard, 2015). De modo que, la reconfiguración de estos territorios se asume como un fenómeno de resistencia asociado al desplazamiento forzado y a la segregación social en el espacio urbano de la ciudad. Entendiendo que la segregación es un fenómeno de desigualdad y/o diferencias sociales que se gestan dentro de un grupo de individuos, agrupándolos en función de sus rasgos homogéneos y reduciendo su interacción con otros grupos. De allí que, la segregación social implica aislamiento espacial, distanciamiento entre las clases y fragmentación del hábitat ante la no integración de las dinámicas que se gestan en el territorio.

Clasificación de los asentamientos informales

El estado urbanístico define los asentamientos informales y su clasificación en función de los rasgos afines que comparten en materia de estructura urbana, los cuales están relacionados con las deficiencias arquitectónicas que presentan las viviendas; así como, con la transgresión a la norma urbana o falta de legalización de la propiedad sobre el predio. Al respecto, Pinedo y Lora (2016) sostienen que, a pesar de las diferencias, este tipo de asentamientos comparten características homogéneas en cuanto a la informalidad de su estructura física que se derivan de la violación permanente a las normas de construcción.

En cuanto al origen del asentamiento se establecen tres tipologías:

  1. Invasión: son aquellos asentamientos informales constituidos por la ocupación de terrenos de forma ilegal, conformados a partir de procesos ilegales en cuanto a la delimitación de las parcelas, urbanización y edificación de las viviendas, que se construyen con materiales transitorios para abaratar los costos y evitar pérdidas económicas ante posibles desalojos.

  2. Fraccionamiento irregular privado: estos sectores se desarrollan al margen de la legislación vigente; cuyos terrenos son parcelados y vendidos con fines de uso residencial propiciando la autoconstrucción de viviendas, sin tener en cuenta la documentación legal requerida por las normas urbanísticas para tal fin.

  3. Fraccionamiento público: estos barrios surgen a partir de espacios de orden público subdivididos para el desarrollo de la autoconstrucción urbana en zonas inestables, inseguras y con déficit de infraestructura que limitan la existencia de espacios y servicios públicos, así como, la accesibilidad al asentamiento. Por consiguiente, su categorización de informalidad se le atribuye a la violación de las normas del urbanismo.

Referente al estado urbanístico se establecen las siguientes tipologías de asentamientos informales:

  1. Precario: este tipo de asentamiento se caracteriza por la construcción de viviendas con materiales reutilizables y escasamente de bloques de concreto. A estos rasgos precarios se le suman el mal estado urbanístico y ambiental del sector, aunado al hacinamiento de los hogares, inexistencia de títulos de propiedad y déficit del hábitat a nivel de equipamiento (salud, vialidad, servicios públicos).

  2. Semiconsolidado: estos sectores se caracterizan por emplear un sistema constructivo de sus viviendas con materiales transitorios y definitivos, cuyos términos de construcción se ubican en proceso (obra gris) y, en menor grado, acabadas (obra blanca). Por otra parte, este tipo de asentamiento carece de documentación legal de los predios, además presenta una infraestructura y equipamiento insuficiente en cuanto a los servicios públicos.

  3. Consolidado: son barrios que se construyen legalmente, lo que les permite contar con los servicios públicos básicos y articularse al servicio de transporte público garantizando la accesibilidad a la zona, ya que cuentan con la pavimentación de vías principales y con andenes que permiten la circulación peatonal. Cabe destacar que, a pesar de la consolidación de estos asentamientos, no cuentan con una óptima calidad urbanística que les permita mitigar el impacto ocasionado por las características físicas, naturales y sociales del lugar.

Metodología

Este estudio se abordó desde un enfoque mixto con un diseño explicativo secuencial (Hernández, Fernández y Baptista, 2014), que se llevó a cabo en el barrio Alfonso López ubicado en la comuna 4 al sur de Montería, Departamento de Córdoba-Colombia. Para el proceso de planificación urbana y percepción ciudadana sobre la imagen del barrio se empleó una ficha técnica con base en los lineamientos de Prinz (1986), que asume la configuración urbanística del terreno a partir de las transformaciones que pueden generarse en el espacio físico, de tal manera que resulten útiles y funcionales para la consolidación del hábitat mediado por los actos del habitar.

Este instrumento consta de 38 preguntas, que pretenden establecer un inventario y caracterizar el asentamiento en términos de: estado urbanístico, percepciones y significaciones de sus habitantes, lo que hace posible la configuración territorial del hábitat, a partir de la descripción de la vivienda, infraestructura y servicios públicos, movilidad y accesibilidad al sector, percepción ciudadana sobre la imagen urbana del barrio, permitiendo resaltar lo típico e inconfundible que puede manifestarse en forma de armonía o contraste estético propio del lugar.

La población del estudio estuvo constituida por 304 viviendas, considerando una muestra intencional de 50. Esta selección se realizó teniendo en cuenta los criterios de antigüedad de los habitantes (mínimo 15 años de residencia), edad (entre 30 y 60 años) y estrato social; con el fin de garantizar procesos identitarios, relacionales e históricos de los actores sociales dentro de su hábitat, los cuales resultan relevantes para este estudio. Los datos obtenidos a partir de la aplicación de la ficha fueron tabulados, diagramados y analizados por medio de las herramientas del programa Microsoft Excel 2010 y se empleó el software de diseño AutoCad 2016 para el dibujo y edición de los detalles del levantamiento planimétrico de los sectores.

El territorio y la configuración del hábitat en el barrio Alfonso López

Los datos obtenidos durante la fase de campo permitieron establecer que la estructura urbana del barrio Alfonso López es producto de un fenómeno urbano, social y político, de allí que se concibe como un espacio transformado con el transcurrir del tiempo por quienes lo habitan, lo viven y lo construyen.

Teniendo en cuenta el planteamiento de Sosa (2012) al señalar que el territorio representa una relación geo-eco-antrópica y una trama basada en la construcción social de configuración, procesos y dinámicas, fue necesario considerar el espacio físico del barrio como una unidad de análisis para definir las mallas que delimitan su superficie (ubicación y límite), los nudos que traducen la posición relativa de los actores y las redes que hacen referencia a la integración y cohesión del territorio con la ciudad.

Las mallas que limitan la superficie territorial del barrio (Figura 1), obedecen a la cercanía al cerro Lomas de Sierra Chiquita y a la Ciénaga Los Araújos, lo que se constituye en un área de conservación y preservación del sistema orográfico e hídrico de la ciudad, susceptible a anegamientos e inundaciones generados por la intensidad de las lluvias, sumado a problemas de remoción en masa producto de deslizamientos del cerro de acuerdo al Plan de Ordenamiento Territorial 2002-2005 (Alcaldía de Montería, 2010). Las formas del terreno están condicionadas por la ubicación del cerro, que a su vez incide en el uso del suelo, la accesibilidad, movilidad y percepción de seguridad al interior del barrio. Esta caracterización coincide con Gaviria (2014) al exponer que el territorio, no solo es una porción espacial tangible visualizada y delimitada con una complejidad biofísica en cuanto a relieve, biodiversidad y condiciones ambientales, sino también, es un espacio que cuenta con una organización social donde convergen las relaciones de los grupos humanos que lo habitan, lo transforman y se transforman con él en un incesante andar histórico.

Figura 1

Malla territorial de los límites naturales del barrio Alfonso López. Fuente: elaboración propia.

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Otro rasgo que caracteriza al barrio es su superficie plana, la cual facilita el acceso y la movilidad en algunos de sus sectores. Sin embargo, en las cercanías al cerro solo se puede transitar por vías peatonales, debido a las elevaciones del terreno (Figura 2). Esta barrera natural constituida por el cerro y la Ciénaga Los Araújos juega un papel importante en la configuración uniforme del territorio, el uso del suelo, la movilidad al interior del barrio, la posición de la vivienda y el espacio público. Asimismo, la situación de vulnerabilidad del asentamiento condiciona el habitar.

Figura 2

Topografía del barrio Alfonso López. Fuente: elaboración propia.

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Estas condiciones del sector corresponden con la tipología de barrio periférico descrita por Vargas y Rodríguez (2016), quienes sustentan que una estructura urbana uniforme se caracteriza por una menor diversidad en el uso del suelo y equipamiento público, acompañada de una mayor densidad y hacinamiento poblacional. Son asentamientos que, además de localizarse en la periferia de la ciudad, ocupan terrenos con problemáticas relacionados con la mala calidad del suelo, condiciones de riesgo por deslizamiento o inundación, dificultades de conexión con la ciudad y son altamente deficitarios de servicios urbanos (Caquimbo et ál., 2017).

El barrio Alfonso López se considera exclusivamente residencial, constituido por edificaciones que varían en la medida que se aproximan al cerro Lomas de Sierra Chiquita. Estas condiciones ambientales hacen que las construcciones ubicadas cerca del cerro, disminuyan la calidad de las viviendas en tanto que son autoconstruidas con materiales reciclables (tablas de madera, hojas de zinc, costal de fique y bolsas plásticas).

Al respecto, Pinedo y Lora (2016) clasifican al barrio Alfonso López como un asentamiento informal, no obstante, a pesar de estar ubicado en una zona de protección ambiental, el uso de la tierra ha sido residencial debido a que el terreno fue vendido en forma de lotes mediante fraccionamiento irregular con uso para la autoconstrucción de viviendas, sin contar con los documentos legales ni la respectiva permisología por parte de las autoridades competentes. Por consiguiente, la dinámica de asentamiento sienta sus bases en terrenos ilegales, caracterizados por un mercado ilegal del suelo e invasiones recurrentes que le confieren un riesgo ambiental al hábitat, situación que se genera por los bajos ingresos de las personas limitando su participación en el mercado formal inmobiliario.

Por otra parte, estos asentamientos incumplen las normas jurídicas relacionadas con la propiedad, esto se debe a que los habitantes de los asentamientos al posesionarse de los terrenos para las viviendas por medio de invasiones o del mercado informal, no cuentan con los documentos legales que los certifiquen como propietarios; por tanto, los habitantes de los asentamientos están sometidos a una constante inseguridad física, ambiental y legal (Gómez, 2015).

Con el transcurrir del tiempo la estructura urbanística del barrio en cuanto a la vivienda alcanza un nivel de semiconsolidado, ya que, a pesar de satisfacer la necesidad de alojamiento, impacta en la informalidad urbana que se refleja en el déficit de equipamiento. Esta realidad urbanística coincide con las afirmaciones de Villanueva (2017), al manifestar que existe una enorme brecha social, económica y cultural que se refleja en la calidad, la seguridad y la habitabilidad de las viviendas en las grandes ciudades latinoamericanas, originando los asentamientos espontáneos o informales; dándose un fenómeno muy particular de la vivienda como proceso, en tanto que la mayoría de la población de bajos recursos económicos autoproduce o autogestiona en forma progresiva e informalmente sus casas con materiales principalmente precarios y de baja calidad constructiva, alejados de los programas formales del Gobierno y del cumplimiento de normas y procedimientos legales.

Otro rasgo que caracteriza al barrio es el uso mixto del suelo debido a que las edificaciones además de ser utilizadas para viviendas se emplean también con fines comerciales ubicados en su vía principal lo que favorece el acceso y la interconexión con el resto de la ciudad (Figura 3). Este hallazgo coincide con Vergel, Contreras y Martínez (2016), quienes afirman que en la vía principal de los asentamientos informales no existe una segregación en la ocupación de los terrenos, sino en la ubicación de los usos del suelo; esto obedece a que las zonas de comercio se ubican en la periferia; mientras que el uso residencial se organiza en la parte posterior del asentamiento, con el fin de mitigar el ruido y caos que trae consigo el tránsito de las avenidas. No obstante, esta distribución del uso residencial en el barrio Alfonso López en la zona posterior (zona final del asentamiento, cuyo límite es el cerro) no está asociada a la estrategia de control del ruido, sino a las condiciones naturales del cerro Sierra de Lomas Chiquita y la Ciénaga Los Araújos, condiciones físicas del terreno que hacen vulnerable el habitar en este sector.

Figura 3

Dinámica social a partir del uso del terreno en el barrio Alfonso López. Fuente: elaboración propia.

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El hecho de que la actividad comercial se encuentre focalizada exclusivamente sobre la vía principal favorece la dinámica social de las relaciones vecinales, lo que constituye un elemento generador y organizador de las vías secundarias y terciarias, que se conectan solo con la calle principal y se articulan con el sistema estratégico de transporte público de la ciudad (Figura 4). Cabe destacar que los vehículos de servicio público solo pueden circular por la vía principal del barrio, debido a que se limita la movilidad a medida que se adentra en el asentamiento por el mal estado de las vías y modelaciones del terreno condicionadas por la ubicación del cerro. Aun así, las personas consideran que el barrio cuenta con suficientes vías de acceso, aunque no estén en las mejores condiciones, lo que promueve que el mototaxismo y el transporte en bicicleta se conviertan en los medios más utilizados para movilizarse en las vías secundarias de la comunidad. En lo que respecta a las vías terciarias, estas son autoconstruidas sobre el cerro (trochas) y solo permiten el tránsito a peatones.

Las condiciones de acceso y movilidad del barrio Alfonso López, se ajusta a los planteamientos de Pinedo y Lora (2016) al señalar que las precarias condiciones en las rutas de acceso y movilidad al interior de los asentamientos informales son producto de un déficit de equipamiento urbano, acompañado de altos niveles de informalidad en el diseño urbanístico de estos sectores.

Figura 4

Movilidad y accesibilidad en el barrio Alfonso López. Fuente: elaboración propia.

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Ahora bien, la accesibilidad a los diferentes sectores del barrio incide en la percepción de seguridad que tienen los habitantes, al considerar que los altos y medios niveles de inseguridad están asociados con las vías terciarias y secundarias respectivamente (Figura 5), teniendo en cuenta que estas limitan con el cerro Sierras de Loma Chiquita, donde el ingreso es más restringido por la calidad de las vías. En este sentido, la percepción de seguridad del barrio está condicionada por el aislamiento socio-urbano y las condiciones naturales del terreno, sumado a la baja calidad de las edificaciones y a las particularidades urbanísticas del sector.

Con relación a la percepción de seguridad, Vergel et ál., (2016) sustentan que los juicios de valor mediante los cuales las personas definen sus percepciones cuentan con sustentos en imaginarios del miedo, que convierten sentimientos de inseguridad en elemento cotidiano. Las condiciones de encerramiento y aislamiento de estos fraccionamientos generan una distinción básica de la situación subjetiva de sus residentes, con autoexclusión, lenguaje de comunicación no verbal y desconocimiento del mundo exterior sin desapropiación de la ciudad, lo que ocasiona una tendencia relativa hacia la percepción de riesgo que influencian el pensamiento y creando una constante incertidumbre en el imaginario del ser humano.

Figura 5

Percepción de seguridad en el barrio Alfonso López. Fuente: elaboración propia.

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Con respecto a las dinámicas del habitar que conducen a apropiación territorial del hábitat, el barrio presenta un déficit de espacio público proporcional al nivel de insatisfacción de sus habitantes, que reclaman la inexistencia de parques, áreas verdes y escenarios deportivos (Figura 6), lo que constituye una característica común de los asentamientos informales producto de los procesos urbanos que desarrollan al margen de las disposiciones urbanísticas (Caquimbo et ál., 2017). Sin embargo, en los barrios populares, las zonas comunes al igual que la vivienda son producidos y transformados, en gran medida, por el habitar de los mismos habitantes y usados por la gente que vive alrededor o visitantes en función de sus necesidades, expectativas y posibilidades.

En las ciudades contemporáneas existen también actuaciones urbanísticas mal planificadas en torno al sistema del espacio público, lo que ha conllevado a la fragmentación o dispersión de los grupos y al aumento de las zonas de inseguridad. Por su parte, Vergel et ál. (2016) afirman que en los asentamientos informales los espacios son calificados como negativos y mal definidos porque no es posible delimitar sus fronteras, puesto que son espacios aislados, sin continuidad y fragmentados por diversos tipos de piso y materiales.

Figura 6

Nivel de satisfacción con relación al equipamiento urbano en el barrio Alfonso López. Fuente: elaboración propia.

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La percepción de los habitantes del barrio respecto a la iluminación de espacios públicos y la energía doméstica son considerados aspectos favorables, ya que, a pesar de las condiciones urbanísticas del asentamiento, han podido autogestionar algunos servicios básicos (Figura 7). Es pertinente destacar que la prestación de los servicios públicos en las urbanizaciones informales genera una fuerte presión sobre las instituciones públicas locales y nacionales, ante la incapacidad de los gobiernos de los países en vías de desarrollo para suplir esta demanda (Echeverri y Orsini, 2011). Los datos corroboran que en los barrios más pobres la provisión de los servicios depende en gran medida de la capacidad de organización local, así como de la iniciativa de los liderazgos que expresan los esfuerzos de la comunidad por lograr la satisfacción de sus necesidades básicas, cuando falla la provisión estatal; mientras que, en los sectores con mayor desarrollo urbanístico de la ciudad los servicios públicos (electricidad, agua potable o recolección de residuos) son garantizados por las agencias del Estado o empresas privadas, tal como lo refieren Besana, Gutiérrez y Grinberg (2015).

Figura 7

Nivel de satisfacción respecto al sistema de energía e iluminación en el barrio Alfonso López. Fuente: elaboración propia.

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El estado de las vías y el sistema de alcantarillado son indicadores que permitieron medir la percepción de los habitantes del barrio en materia de infraestructura (Figura 8), encontrando un alto grado de insatisfacción producto de la inexistencia de una malla vial transitable lo que limita la movilidad al interior del barrio y dificulta el acceso al sector aledaño a la falda del cerro. Por otra parte, al ser vertidas en las calles, las aguas residuales no son tratadas adecuadamente producto de la falta de alcantarillado, lo que genera conflictos entre los habitantes, sobre todo con los que residen en la parte alta del cerro.

Figura 8

Nivel de satisfacción respecto a la infraestructura en el barrio Alfonso López. Fuente: elaboración propia.

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Precisa destacar que, a pesar del grado de insatisfacción ante las dificultades de la malla vial y la inexistencia de pavimentación, los habitantes refieren que el sistema de recolección de basura es eficiente, teniendo en cuenta que la comunidad se organiza para ubicar los residuos en puntos estratégicos accesibles a la empresa de aseo de la ciudad, esto se debe a arreglos informales entre la comunidad y algunas empresas prestadoras de servicios, que favorecen el crecimiento urbanístico del territorio en pro de mejorar la calidad de vida de los habitantes.

Conclusiones

Es posible afirmar que la configuración territorial del hábitat en el barrio Alfonso López coincide con las características fundamentales que definen a los asentamientos informales cuando se originan a partir del fraccionamiento irregular privado y que se encuentran semiconsolidados por su estado urbanístico. Esto se debe a que el territorio por ser un espacio vivido (Vega, Hernández, Barbera y Mestra, 2018), que se configura a partir de la autoconstrucción de las edificaciones, una cobertura incompleta de servicios públicos y una infraestructura vial inadecuada producto de las condiciones físicas del terreno y de las barreras naturales representadas por el cerro Sierra de Lomas Chiquita y la Ciénaga Los Araújos.

Este sistema autoconstructivo del sector constituye una estrategia del habitar para desdibujar las segregaciones y desigualdades sociales con el fin de alcanzar su integración y crecimiento urbanístico, fomentar la libre movilidad y hacer los espacios accesibles a todos los habitantes. En términos generales, puede decirse que la autoconstrucción de las edificaciones del barrio evidencia la creación de estructuras urbanas que buscan superar las situaciones precarias en materia de servicios y equipamiento.

El aislamiento socio-urbano de este sector se deriva de los fraccionamientos cerrados residenciales y las particularidades urbanísticas de este tipo de asentamiento, el cual presenta un crecimiento urbano descontrolado producto de una mala planificación que genera desequilibrios y problemas de habitabilidad en el territorio, visible por los altos niveles de pobreza, inseguridad, baja calidad de las viviendas, desigualdad ante el acceso a los servicios públicos, ocupación irregular del suelo y vulnerabilidad ante desastres naturales. No obstante, la percepción por parte de la comunidad respecto a los servicios públicos es positiva, ya que la provisión de dichos servicios está mediada por procesos de organización interna, así como por la iniciativa de liderazgos locales para lograr suplir sus necesidades básicas cuando existen fallas de la gobernanza local, construyendo así entramados significativos de interacción reflejadas en las dinámicas de apropiación territorial asociadas a la existencia de memorias, imágenes, símbolos, discursos y prácticas socialmente compartidas que se manifiestan en la cotidianidad de los habitantes del sector a partir de sus costumbres, anhelos y esfuerzos contantes por preservar su identidad.

Finalmente, puede decirse que el barrio Alfonso López es una mixtura humana, un escenario “donde el ciudadano actúa y se representa en y con la ciudad” (Vega et ál., 2018, p. 109). Escenario, en el cual sus habitantes se movilizan y construyen su territorio con la firme intención de integrarse e interrelacionarse con los sectores que la circundan; por esta razón, el control territorial está dado por los procesos de organización y de liderazgo local como una estrategia para alcanzar las condiciones urbanísticas de habitabilidad mínimas que garanticen la calidad de vida de los habitantes y la consolidación del asentamiento en la ciudad. Este fenómeno de control y organización representa un desafío al momento de articular en sus procesos las iniciativas territoriales barriales que obliga a las administraciones locales a replantear el tema de la planificación no como una herramienta que organiza el espacio urbano desde arriba hacia abajo, sino mediante la “movilidad y desempeño de los actores locales durante la operacionalización de la agenda de acción” (Barbera, Chirinos, Agudelo, Muñoz y Polo, 2018, p. 179); en tanto a que no se trata de ver al barrio separado e independiente de los problemas sociales, políticos, económicos y culturales, es un todo integrado y articulado para orientar a la solución razonable de las necesidades urbanas que involucran la ciudadanía política.

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Notas

1 Financial disclosure Artículo basado en los resultados del proyecto “La construcción del territorio en el espacio urbano de la ciudad de Montería a partir del fenómeno del desplazamiento forzado”, gestionado por el Departamento Curriculum Común de la Facultad de Ciencias Humanas, Arte y Diseño de la Universidad del Sinú “Elías Bechara Zainúm”, sede Montería, durante el año 2018.


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